Sinopsis:

Página multimedia virtual sobre la vida, obra y acontecimientos del universal poeta Miguel Hernández -que murió por servir una idea- con motivo del I Centenario de su nacimiento (1910-2010). Administrada por Ramón Fernández Palmeral. ALICANTE (España). Esta página no es responsable de los comentarios de sus colaboradores. Contacto: ramon.palmeral@gmail.com

martes, 5 de noviembre de 2013

Conferencia de Julio Calvet, sobre Ramón Sijé, en el centenario




 
EN EL CENTENARIO DE RAMON SIJÉ, UN PASEO CON PEPITO MARÍN DESDE LA CALLE MAYOR DE RAMÓN Y CAJAL A LA GLORIETA DE GABRIEL MIRÓ.

JULIO CALVET BOTELLA



Y volveré a contemplar, desde el tiempo, la tierra y el alma oriolana, como buscándome de memoria a mi mismo, como dijera Sigüenza.

A llenarme de verdes y azules; de campos y azarbes; de torres y esquinas doradas.

Me apoyaré en el quicio cuajado de blanco de la gran balconada que cierra el Seminario, acostado en la ladera, un día más de primavera.

Y escucharé el sigilo del río, y el paso cansado, lento y patricio, de aquel Don Magín, teniente cura de Nuestro Padre San Daniel, con un ala del manteo ceñida a su costado y la otra plegada pomposamente sobre un hombro;  con sus manos entretenidas con una hierba aromática, y contemplaré con el mismo, el inmenso empaque de Oleza, cuando descanse en la sombra de los  últimos tapiales para mirar el hondo,

“La ciudad se volcaba rota, parda, blanca. Porches morenos, azoteas de sol, las enormes tortugas de los tejados, paredones rojizos, rasgaduras de atrios, y plazuelas, jardines señoriales y monásticos. Un ciprés, una magnolia, una palmera, dos araucarias mellizas. Muros de hiedras, de mirtos; huertos anchos, calientes; frescor jugoso de limoneros, de parras, de higueras. Eucaliptos estilizados sobre piedras doradas y de apariciones de cielo de un azul inmediato. Un volar delirante de golondrinas y palomos. La torre descabezada de la Catedral, la flecha del Palacio entre coronas de vencejos, la cúpula de aristas cerámicas del Seminario, el piñón nítido de las tres espadañas de Santa Lucía. Más lejos, la torrecilla remendada de las Clarisas. A la derecha un pedazo de la lóriga azul del cimborrio de Nuestro Padre y la contornada del Seminario que brotaba de un hervor del río”.

Y veré, cómo, luego, Don Magín, continuará subiendo la cuesta, y se le agarrarán al hábito, los tábanos y los saltamontes.

Y seguiré mirando a Oleza. La Oleza de la Vega y las espadañas. La Oleza del Segral y las Palmeras.

¡Ay Señor¡, nos dice Juan Sansano Benisa,

“… ¡ Ay, Señor, que se quede
retratado en mis ojos un pedazo de río¡

Que se quede en mis ojos la visión soberana
de la Vega triunfante con sus frutos y flores
y acaricien mi oído, como una voz hermana,
los rumores sonoros de la dulce campana
que alegró el placentero solar de mis mayores.”

Rio Segral, Río de Oleza, Río Segura al fin.

El río y la Vega.

Y la Ciudad; que como dice Antonio Luis Galiano Pérez, en su libro, “La Orihuela Mágica”,

“Entre brumas, respiración del barbecho - tierra removida por la azada en encallecidas manos curtidas al sol - aparece el paisaje de Orihuela enmarcado por la huerta y la piedra”.

Y tras retomar el resuello, y aplacar el ritmo acelerado del pálpito cordial del lado izquierdo del pecho, descenderé de lo alto a lo más llano, y con Don Magín, que debajo de un almendro aserrado de cigarras se enjugará la frente, dejándose luego el pañuelo, en la gorguera.

Y marcharemos lenta y suavemente, camino de la calle de tiendas y oraciones de esta Oleza, en busca del magro desayuno que le va a preparar al bueno de Don Magín, sin duda, Doña Corazón Motos, que por fortuna, quedo viuda de un mal y forzado casamiento, para quedar dueña del hermoso obrador de cirios y chocolates, de canelas y azúcares, de rosarios y  estampas, y de potes de miel y confituras, que le dejaran sus padres.

Como una  hermosa pastelería más de Oleza. 

Pasteles de Orihuela. Pasteles de Oleza, tan crecidos y tan altos. Y tan blancos de almenado soplillo.

Y para ello, tendremos que ir a la Calle Mayor de Orihuela.

Yo no se cuando, se vino a llamar calle Mayor de Ramón y Cajal. Supongo que luego que Don Santiago Ramón y Cajal, nacido en el pueblo navarro de Petilla de Aragón, fuera nombrado Premio Nobel de Medicina en el año de 1906, por descubrir aquellos mecanismos celulares que fueron llamados la “doctrina de la neurona”. Paréceme que en casi toda España le pusieron una calle, en  homenaje, a aquel de quien Don Gregorio Marañón, dijo ser: “La máxima figura de la ciencia española de nuestro tiempo y quizá de todos los tiempos”.

Y nos dice Abelardo Teruel,

“Y se nos viene a las mientes la calle Mayor de Orihuela. Los días de nuestra infancia transcurrieron, entre rumores cadenciosos del viejo Thader que a su espalda murmuran canciones de trabajo, pregones de vida que no podemos olvidar porque, repercutiendo gozosos en el corazón, están aprisionados en nuestros oídos, a cuyos tímpanos rotos parece que quieran prestar bríos. La angostura de aquella vieja vía que en días tan lejanos ¡ay¡, vimos adoquinar, brindaba en los rigores caniculares la sombra bienhechora de sus recios toldos de tejido basto de yute, y a su apacible cobijo discurrían despaciosamente las muy contadas personas que solazábanse oyendo tocar a tiempo.”

“Tocar a tiempo”. Otra vez las campanas de Orihuela.

Las campanas de Orihuela, con su lenguaje eterno, en palabras de Ginés Gea Cayuelas, en su libro, “… en prosa y en verso”,

“Suenan campanas. Algo te dicen, algo te están diciendo. Las campanas hablan. Seguramente en un idioma que sólo entiende el alma, el corazón, lo más espiritual de nuestro ser, lo más íntimo. Ellas te transmiten alegría o dolor, felicitaciones y pésames. Ellas son mensajeras de recuerdos, traductoras de ánimos y emociones; conductoras de mensajes, deseos, ilusiones, éxitos y fracasos…”

Campanas que, también para mí, resuenan a gloria y a pena, y acompañan la caída glacial de las horas del tiempo: los cuartos, las medias, las horas. Campanas que en su sonido, alteran el discurrir del agua del río en las noches húmedas de invierno.

Calle Mayor, que en el decir de Antonio Colomina Riquelme, “Desde la Escalera de San Miguel”, era la vía más emblemática de la ciudad. “Paseo nocturno dominical por excelencia; muchos abuelos de hoy, -nos dice-, conocieron y pasearon con la mujer de sus sueños por esta céntrica arteria del centro histórico de nuestro pueblo. Paseo obligado en la típica “Vuelta a los puentes”.

Y calle de tiendas. De muchas tiendas, de amplios escaparates, para solaz de los paseantes, que mas de una vez salían a la calle para pasear y “ver escaparates”. Tiendas, que un señalado día de la semana, el martes, eran abarrotadas de las muchas gentes de la Vega que acudían  a Orihuela, a vender sus productos en el mercado, y también para comprar y atender sus asuntos, médicos o jurídicos o de otra índole,  que les afectaban.

Y los comerciantes de la calle Mayor, proclamaban sus productos, en los periódicos oriolanos de la época.

En el periódico “Actualidad”, se presenta la gran zapatería “La Lucentina”, que “anuncia al publico que le concede una Semana de Gracia para sus compras, con gran ventaja, rebajando en dichos días los artículos el 10, el 15 y el 20 por 100 desde el 24 al 31 de cada mes, principiando por el presente.” Y en el mismo periódico, se dice, “Novedades, Tejidos, Pañería. J. Ramón Garrigós. Primera casa en la región en los artículos a que se dedica. Mayor 32. Orihuela”.
 
En “Renacer”, leemos: “El Siglo”: Pañería y Sastrería. La Casa más importante de la región. Manuel Alifa; y que, “El dueño de la papelería Estruch dice que no quiere mas anuncios en los periódicos, porque la bondad de sus artículos se venden por sí solos. Tinta azul-negra, y en colores de las mejores marcas que se fabrican. Libros rayados comerciales, …  legajos con cintas, papeles y sobres de todas clases y tamaños…  y toda la pertenencia al ramo de papelería y objetos de escritorio a precios de almacén”.

 También en “Renacer”, se anuncian en su “Página de Información Comercial”, la mercería de Tomás Navarro: “Altas novedades, precios reducidos”; y “¿Queréis bicicletas, máquinas de escribir, juguetes, bordados y perfumería?, Saturnino Cebrián Celestino; y “Casa Gea”, “Comercio de tejidos de las más importantes fábricas de España y del extranjero. Altas fantasías para la temporada de verano en trajes de señora y caballero”, calle Mayor 24. Luego, nos dice, “Los elegantes usan calzado de “La Alegría de la Huerta”, que próximamente recibirá el zapato de moda para la temporada de invierno. Pasad a verlo por la calle Mayor.”

 Un curioso anuncio en el periódico “El Pueblo”, y casi como una noticia nos dice: “Hemos recibido tres artísticas reproducciones  de pinturas al óleo por el nuevo procedimiento gráfico llamado “ARTÓLEO” del que es inventor en Madrid Don José Blas. Dichas reproducciones son “Las Hilanderas” y “Cristo Crucificado”, de Velazquez, y “La Virgen del Rosario” de Murillo, los cuales podrán admirar nuestros lectores en el escaparate del establecimiento de Vda. de Eleuterio García, en la calle Mayor, donde se hallan expuestas”.

 Y en el periódico “Autonomía”, se anuncia el comercio “La Alianza”, “Paquetería, Mercería, Perfumería y Novedades”, en el numero 18 de la calle Mayor,  y en el número 23 de dicha calle,“El Bebé Elegante”, Casa Sarabia, “Confecciones para niño, Especialidades en Atos y Gorras para cristianar. Gran surtido de vestidos para acortar. Bueno, Justo y Económico”.

 Seria interminable esta lista pero no podemos dejar de citar a Tejidos Emilio Salar,  “Comestibles Ricardo Cánovas”, “Platería de Daniel Correa”, “Las Catalanas”, “La Casa de los Bordados… ”

Y por fin, en el periódico “El Diario”, se anuncia la tienda llamada “La Alhambra”, cómo “Gran Establecimiento de Tejidos”, y dice que en la temporada de verano de 1913, “Grandes novedades en toda clase de trajes de señora y de señorita. Inmenso y variado surtido en géneros blancos. Especialidad para trajes de caballeros”.

Me han dicho que el dueño,  José Marín Garrigós, es una persona muy cualificada en el comercio de la Calle Mayor, y que además esta casado con una bella señorita llamada Doña Presentación Gutiérrez Fenoll, y es también concejal del Ayuntamiento de Orihuela.

El periódico “El Diario” de 22 de marzo de 1912, nos dice: “Esta mañana han contraído los indisolubles lazos matrimoniales, la bella señorita Presentación Gutiérrez Fenoll y nuestro joven amigo el acreditado comerciante y concejal de este Ayuntamiento, D. José Marín Garrigós. Han apadrinado a los nuevos esposos Don José Ramón Garrigós y doña Carmen Marín, siendo testigos de la ceremonia el notario Don Matías Ocampo Delgado y el procurador Don Jose Raballo. Los nuevos esposos han salido para una finca del campo de la Murada, propiedad del padre de la novia, después de celebrada la ceremonia nupcial, en la cual pasarán la luna de miel que les deseamos eterna”.

El comercio “La Alambra”, estaba, cerca, muy cerca de la Catedral, y así la familia Marín Gutiérrez, era testigo del honor de escuchar las voces y volteos  de las campanas de la Catedral oriolana, como aquella que hizo el fundidor de Albaida, Lorenzo Rosses, que por estar desnivelada tal vez por defecto de fundición, no “plació lo bastante por no sonar del todo bien”, como escribió en uno de sus “Rebuscos”, Don Julio López Maymón; como, también  debieron ser partícipes de aquellos “Rosarios de la Aurora”, de los que nos contaba el Deán de Cartagena en Murcia:

 “ … Y más tarde, en el apuntar de los matices del amanecer, voces varoniles con respiros de pechos fuertes y decididos; agrupados al pié del estandarte viejo; compaseados por los golpes rítmicos del pequeño tintinábulo, dejar en el aire perfumado con flores de la huerta, la estrofa palpitante de devoción clásica; española, a lo Teresa de Jesús…”.

Sacerdote ministro de Cristo
que a Dios representas
puesto en el altar…

Y en el altar de la patrona nuestra de Monserrate, nos pusimos por vez primera, en el santo sacrificio, un Domingo del Rosario, de Octubre…”.

Y el día 16 de noviembre de 1913, nace en Orihuela José Marín Gutiérrez. Ramón Sijé.

Como resulta del Libro del Registro Civil de Orihuela, a las once del día diez y ocho de noviembre de mil novecientos trece, compareció como padre, Don José Marín Garrigós, natural de Enguera provincia de Valencia, de veinte y nueve años de edad, casado, comerciante, vecino de esta ciudad, domiciliado en la calle Mayor, con objeto de que se inscriba en el Registro civil, un niño que nació en su domicilio a las diez y ocho del día diez y seis de los corrientes; que es hijo legítimo del mismo y de su consorte María de la Presentación Gutiérrez Fenoll, natural de esta ciudad de veinte y cinco años, dedicada a sus labores y domiciliada en el de su marido. Son sus abuelos paternos José Ramón Marín Barberán y Teresa Garrigós Martínez, naturales de Enguera, comerciantes y domiciliados en Fernán-Núñez, provincia de Córdoba, y los maternos Justino Gutiérrez Escolano, y Brígida Fenoll Martínez, de esta naturaleza, comerciantes y domiciliados en la calle de Calderón de la Barca. Y que al expresado niño, le pusieron por nombre, José Ramón, Rufino, Justino, Antonio.

Y en los Ecos de Sociedad del periódico “El diario”, de 27 de noviembre de 1913, se dice, que:

“A las 11 y media de la mañana de ayer y en la capilla del Palacio Episcopal, recibió las regeneradoras aguas del Jordán el primogénito de nuestro distinguido amigo  el concejal de este Ayuntamiento don José Marín Garrigós.

Fue Ministro del Sacramento el Ilmo. Sr. Obispo de la Diócesis, Dr. D. Ramón Plaza y Blanco; asistido del clero parroquial del Salvador.

El recién nacido recibió los nombres de José, Ramón, Rufino, Justino y Antonio”.

Luego vendrán sus hermanos Justino, “Gabriel Sijé”, en 1915, que estuvo entre nosotros hasta 1946, justo el año en que yo nací; y María Dolores, “Mari-Lola Sijé” nacida en 1920 y fallecida en 1964, que fue primera esposa de Pepe Torres, oriolano de muy grato recuerdo.

Y yo, que nací en la calle Mayor, junto enfrente de los comercios de Charín Cebrián y de Nieves Estruch, me quedaré quieto frente al portal de la casa de mi abuela Lola, mi abuela paterna Dolores López Maymón,  para encontrarme allí, con su recuerdo, con el ilustre abogado, y querido amigo, Don Antonio García-Molina Martínez, para, dando un salto en el tiempo, irme con él y con su educado trato, caminando lentamente por la calle Mayor.

Y con Don Antonio García Molina, entraré en la casa de la familia Marín Gutiérrez, situada sobre su tienda de tejidos.

… porque quiero encontrarme con Pepito Marín, aquel muchacho que quiso llamarse Ramón Sijé, y recorrer en su compañía, su Orihuela, donde tanto fue querido:

Y dejó escrito Don Antonio:    

“…     por la entrada de la vivienda que es estrecha y tortuosa, oscura y húmeda, subo la  
escalera protegida por un barandal de hierro, paso sin detenerme el primer piso, en el que se encuentra el comedor, que es una estancia casi en penumbra que asoma dos balcones a la calle Mayor, de sus paredes cuelgan dos grandes tapices que representan escenas del Quijote, y en un ángulo el piano de Mari-Lola del que parece salir las notas cansinas de las lecciones del método Eslava. 

Llego al segundo piso donde se encuentra la “Isla de Papel”, como la llamaba Gabriel Sijé; recorro su pequeña y entrañable geografía: el sol del medio día está tapado por los gruesos muros del palacio del Obispo Leproso, y llega desde sus jardines románticos un trinar gozoso de pájaros, que tiene como fondo el agua rumorosa del Segral mironiano; más allá se adivina la explosión vegetal de la huerta; a la izquierda la Catedral, y al fondo el monte pelado de San Miguel, con la arquitectura ancha y blanca del Seminario; más arriba las ruinas evocadoras del Castillo, y dominándolo todo la Cruz de la Muela. Tiene la habitación sus paredes blancas casi cubiertas por unas modestas estanterías repletas de libros y de anotaciones apresuradas, y sobre una pequeña mesa de trabajo un retrato de la familia Sijé que, al conjuro de una intensa nostalgia, contemplo largamente.

En lugar preeminente el padre, el bueno de D. José, correcto y amable… A su lado la esposa, Dª Presentación, vestida de negro, seria, enjuta, inquieta, orlada de misterio… Delante de estos, flanqueada por sus dos hermanos y sentada en una banqueta Mari-Lola, blanca como una muñeca de porcelana… A la izquierda Gabriel… Eternamente enamorado, la figura del último romántico…

Finalmente Ramón. Pequeño, de tez morena, “cabeza de prócer, rapada, sobre un cuerpecillo todo nervio”, con unos ojos negros y profundos llenos de misterio…”.

Terminada la visita, y al  volver de nuevo a la puerta de la casa, me despediré de Don Antonio García-Molina, que también se nos fue, dejando un gran vacío.  

Y hecha a andar y a vivir en la calle Mayor de Orihuela, frente al Palacio que habitó un “Obispo Leproso” y a la sombra de la torre de la Catedral de El Salvador, construida sobre restos de varias culturas, José Marín Gutiérrez, Pepito Marín.

Y Pepito Marín es un lucido estudiante, y cursa Bachillerato en el Colegio de Santo  Domingo, el Colegio del Jesús, de los Padres Jesuitas. Luego cursará la Licenciatura en Derecho en la Universidad de Murcia, con importantes calificaciones.

Bien pronto se destaca como escritor y estudioso de amplios horizontes. Con sólo doce años de edad  gana un premio convocado por la revista “Héroes”, y tras ello colabora asiduamente en prensa, con diversos seudónimos: Chas, Babbit, Rataplán y otros, para terminar con el nombre por el que es conocido: Ramón Sijé, con el que firma un artículo en el periódico de Madrid,  “El Sol”, del 25 de noviembre de 1931, con el titulo de “Tristeza y ruina estética de la conversación española”, que inicia diciendo aquello de: “ Vivimos con poca intensidad nuestra vida interior. No teniendo en cuenta aquel dicho castizo del Quijote: “Sancho amigo, del conocerte saldrá el no hincharte”. Pero ¡que poco nos conocemos, y como, Sancho amigo, nos hinchamos¡”.

Y nos dice José María Pina Brotóns, que fuera Licenciado en derecho y oficial letrado del Ilustre Colegio de Abogados de Orihuela, en la revista “Destellos” de 1931,

“Este Ramón Sijé. Este Ramón Sijé, menudo y vivaz, de tez de árabe, y ojos de árabe y de imaginación de árabe. Este Ramón Sijé menudo y nervioso como un egeo.

Habla de prisa y a veces despacio Ramón Sijé. Ramón Sijé es intelectual y estilista como su maestro José María Ballesteros. Y Ramón Sijé tiene diecisiete años. Y sin embargo no es un niño prodigio. Muy al contrario, es un hombrecito comprensivo y de una gran naturalidad. Por eso me gusta hablar con Ramón Sijé. ¡Oh si toda nuestra juventud fuese cómo Ramón Sijé¡ Ramón Sijé es romántico. Y poeta. Debe tener amores platónicos con alguna jovencita rubia y pálida …

Es simpático este Ramón Sijé. Con su vocecilla atiplada y su aire de joven musulmán y su andar de gnomo. Angel Ganivet era en su adolescencia cómo Ramón Sijé. Aquel ilustre suicida era también, menudo, moreno y nervioso cómo Ramón Sijé. He tenido, un honor, un alto honor, de dar un paseo por la vía férrea con Ramón Sijé. ¡Esa vía férrea de Orihuela que tantos recuerdos tiene para mí¡ Dos raíles negros que se prolongan, que se prolongan, mucho, mucho, como nuestra pobre vida vacía…  

Y ahora paseo por la vía férrea con Ramón Sijé.

Húmedo verdor de bancales a los lados. Un horizonte de un oro en ascua, donde se recortan gráciles palmeras, muchas palmeras… Cielo alto. Y la arena y los guijarros crujen bajo nuestros zapatos. Y hablamos mucho. A borbotones. Tenemos avaricia por cambiar impresiones. Pero… yo soy abogado y Ramón Sijé estudiante de Derecho y sin embargo ni una palabra de leyes… en cambio cuando tropiezo a Paco Garrigós o Julio Calvet…  ¡Pobre Justiniano¡ ¡Pobre Justiniano¡. Y habla bien Ramón Sijé. Agudamente, intelectualmente. ¡Señor con diecisiete años¡. Y habla más,  y más, y más…  Una vaharada de azahar. Canta el Segura entre los cañaverales. Se hace muy gris la luz de la tarde…

Parpadea una estrellita de oro…

Y otra…

Y otra…

Mi diestra enguantada en gamuza gris tira fuertemente de un junco, como en mi infancia.

Y en la calma de la tarde sigue sonando con una algarabía de campañilla, la vocecita atiplada de Ramón Sijé…

¡Señor con diecisiete años¡.

José María Ballesteros,  Ramón Sijé, Paco Garrigós, mi padre, Julio Calvet, y hasta Angel Ganivet y Justiniano, desfilan en esta hermosa “Estampa de Orihuela” de José María Pina Brotóns, “Eugenio de Pinumbrio”, en la que  nos describe, en toda su verdad, a Pepito Marín, dejándonos también,  el recuerdo de aquellos lentos paseos por la vía del tren, entre la primavera y el sentimiento del ir y venir a nuestra Vega del Segura…

¿Quien no ha dado un paseo por la vía del tren de Orihuela, en aquellos años cuarenta, cincuenta o sesenta del siglo pasado … ?

¿Quién no ha sentido aquella vaharada de azahar y el silbido lejano de una herrumbrosa locomotora, que ahora se nos antoja como un juguete roto?.

¡Señor, con diecisiete años¡.

Don José María Ballesteros Meseguer, es calificado por José María Pina como el maestro de Sijé. Hijo de un ilustre político oriolano Don Francisco Ballesteros Villanueva, fué Médico Titular y Cronista Honorífico de Orihuela, donde nació, muriendo prematuramente con 42 años, dejando una gran estela intelectual en la historia de Orihuela. Nos dejo muchos escritos, pero también un libro imperecedero  llamado “Oriolanas”.

La publicación de “Oriolanas” constituyó un magno acontecimiento en la Orihuela de 1930, siendo objeto Ballesteros, de un banquete en el Hotel Palas, organizado por sus admiradores y amigos.

Dice “Actualidad”, que asistieron más de cincuenta comensales, ocupando la presidencia con el homenajeado, el Canónigo Don Mariano Olmos, el capuchino P. Ventura, Don Fernando Plaza, Don José Martínez Arenas, Don Manuel Vidal, Don José María Quilez y Don Francisco Marina.

El Sr. Ballesteros visiblemente emocionado dio las gracias por el homenaje que se le rendía y termina diciendo que las flores que le han dedicado sus amigos, las dedica a la bella Lucia, personaje de su novela”.

“Oriolanas”, es un conjunto de estampas típicas de “cuadros y costumbres” entre las que no podía faltar la barraca de la huerta de Orihuela:

“Enclavada a la orilla de la vereda de Buenavida, en el mismo ángulo que forma la vereda con la vía férrea, la barraca del tío Francisco era conocida en todo el partido de Desamparados, por ser la más antigua, por la nítida blancura de sus paredes de barro que la tía Monserrate encalaba todos los sábados, por las naturales bondades del viejo matrimonio que la habita y por la gracia y el desparpajo de Lucía y Pepico.

La barraca de la huerta oriolana tiene, para los que nacen en esta tierra predilecta del Divino poder, y sobre todo, para los que conservan en su ánimo la agradable impresión de haber visto sujetos a la cintura de un huertano los blancos y planchados zaragüelles, el mas puro sabor de oriolanismo; porque la barraca, la típica barraca de la huerta de Orihuela, construida toscamente con unas maderas, barro, cañas y albardín; la que alberga al mediodía y en la noche al cansado bracero que abrió la tierra, plantó semillas y dejó correr el agua pensando en el pan oloroso recién salido del horno, representa, aunque humildemente, la fe, el trabajo y la riqueza de esta tierra. La barraca de la huerta oriolana, representación de humanas virtudes, nido de amores, pobre vivienda que al abrir sus puertas hiere la vista del que la visita por el contraste de los colores, de las cosas expuestas como en una tienda, encierra un tesoro de valor inmenso, el tesón del huertano que un día y otro trabaja incansable regando su rostro de sudor  que es la vida, convirtiéndose para el mundo que de él se alimenta, en refuerzo, seguridad y progreso”.

Y nos dice Ramón Sijé, en el periódico Voluntad, bajo el título de: “Oriolanas y Orihuela ó José Maria Ballesteros y la pluma”:

“El Escaparate. Tras el vidrio del escaparate unos libros se amontonan en bello desorden. En sus portadas, dibujadas por ágil mano, unas barracas son portadoras de una Orihuela, que según el título: Oriolanas: vive tras sus páginas. Contemplo atento el dibujillo, superrealista, que quiere hacer al lápiz norma de la realidad.

-Miras una corbata?- me dice un amiguillo cogiéndome por el brazo.

-No. No…, contesto malhumorado- Y es que sus ojos no han visto lo que yo- ¿Por qué?

-No es oriolano”.

Orihuela es un Ciudad, digamos, “tertuliana”. Amiga de las tertulias y reuniones de amigos para hablar sin tiempo, sin agobios, sin prisas. Y para hablar “de lo divino y de lo humano”. También es una Ciudad que adora, y es amante del “dominó”. Un juego sin término ni solución cierta, siempre nuevo y distinto, del que nos dice Javier Pastor, que ha escrito sobre el mismo, que el dominó, se aprende en el mármol, no en los libros.

En Orihuela, hasta hemos tenido una “tertulia”, casi inventada. La “Tertulia del Bar Lauro”, en el libro que escribiera Don José Martínez Arenas. La tertulia del “Café Imperial”, que estaba en la Barrera, y que era  llamado “El Café de Lauro”, por llamarse así su dueño Lauro Saboga, que con su mujer María Manuela, “eran magníficos cocineros”. En dicha tertulia y mucho mas adelante, se sentaría, un querido amigo, que el autor identifica cómo  Paco Leyva, apodado “El Especia”, porque era “comisionista de comestibles”.  

Don José Martínez Arenas, es tío abuelo mío, porque es hermano de mi abuela materna, María Martínez Arenas, así que su padre, Don José Martínez Costa, es mi bisabuelo. Y hablé muchas veces con él, y hasta me escribió una carta de su puño y letra y hasta en verso, cuando yo comenzaba mis estudios de Derecho en Murcia, y que comenzaba así:

“A Julio Calvet Botella
que en Murcia, ¡bella Ciudad¡,
aspira a ser una estrella
de aquella Universidad.

En Orihuela y Febrero
del sesenta y cuatro año
de este siglo puñetero
preñado de desengaño.

Querido sobrino nieto... “

Luego continuaba la carta escrita, “con pulso torpe y longevo”, - decía -, y llena de consejos,  y emociones.

Yo la guardo, con entrañable cariño.

 Abogado, político y escritor, Don José Martínez Arenas, fue alcalde de Orihuela y diputado a Cortes en 1923 y en 1933, y publicó libros de poesía, de memorias y hasta de ficción.

Don José Martínez Arenas, intervino cómo abogado en la formación del cuaderno particional de la herencia de Doña Dolores Limiñana e Iriberri, quien dejó una gran fortuna, razón por la que Don José, mantuvo una buena amistad con sus descendientes y familiares, entre ellos con Don Álvaro de Albornoz y Limiñana, quien fuera entre otros altos cargos, Ministro de Fomento y Ministro de Justicia. Miguel Hernández llevó una carta de recomendación de Martínez Arenas para Concha Albornoz, hija de don Álvaro, en su primer viaje a Madrid, en busca del mundo de la poesía, y volviendo a acudir mas tarde a Don José, nuevamente a través de Pepito Marín, en busca de ayuda económica, para su vuelta a Orihuela. 

Y Ramón Sijé acudía a una notable tertulia que se reunía en el Hotel Palas. Y acudía luego también a la que se ha dado en llamar la “Tertulia de la Tahona”.

La tertulia de la tahona de los Fenoll. Para ver a su amigo Carlos. Y para ver a su novia: a su novia Josefina Fenoll Felices, “la panadera del pan más trabajado y fino”, como la describiera Miguel Hernández. 

Y para ir a esta tertulia, vayamos a la calle Arriba, donde esta la panadería de los Fenoll; de los hermanos Carlos y Efrén Fenoll Felices. 

Nos dice Carlos Fenoll, ¡Calle de Arriba¡, Tan densa de humanidad durante el reinado del día, tan alta de espiritualidad -que una cristalina campanita de Santo Domingo rubrica al amanecer-, cuando los astros te coronan”.

Y le pregunto a Pepito: ¿Es verdad, que como yo creo, ibas a la tertulia mas que nada a ver a Josefina?; y también, dime, ¿de verdad fue Josefina tu novia, o sólo fue tu amiga?.

Y estas preguntas me las va a contestar nada menos que la propia Josefina Fenoll, en un hermoso escrito hecho en Torrevieja, el día 5 de abril de 1984, lleno de cariño imborrable e impecable prosa,  que nos dejo impreso en la Revista Batarro:

“Yo empecé a tratar a Pepito Marín en abril de 1932, una tarde que fui, como de costumbre, a llevar los panecillos a su casa”.

Luego nos dice Josefina: “Tocaba el picaporte, y por la forma de tocar ya sabía que era yo. Ese día bajó él, y me dijo: “tengo interés en hablar contigo porque pienso escribir un artículo sobre tu hermano Carlos”. Le contesté todo lo que él quería saber. Escribió el artículo, y cual no sería mi sorpresa, cuando lo leí, que decía muchas cosas bonitas para mí. Eso me halagó. Yo sabia que él era un muchacho que prometía mucho, tenía fama de inteligente. Desde ese día ya hablamos diariamente, pues él calculaba la hora en que yo terminaba de hacer el reparto de pan y salía a mi encuentro.  Me acompañaba hasta cerca de mi casa. Pero un día que un amigo y pretendiente mío (Pepín Cases) me estaba saludando, en esto se asoma Pepito Marín por una equina, y él que ve eso, podríamos decir aquello de “trocose su amor en locura” porque se abalanzó sobre el pobre Pepín, ajeno a lo que estaba pasando, y no se cuantas cosas le dijo; entre otras que yo era su novia y que no me tenia que molestar para nada. Entonces fue cuando me entere que éramos novios.

Ese día cuando nos despedimos, me dijo que le avisara a mi madre que “mañana a las 7 de la tarde, voy a ir a hablar con ella”. Y así fue”.

Y así esta claro aquel noviazgo, del que Carlos Fenoll, quien pudo ser su cuñado, nos dijera que, “…se amaron muy armoniosamente, cuando fueron, en el alma, iguales”.

Después en su precioso artículo nos dice Josefina que, “Pepito venía siempre a hablar conmigo de 7 a 9 de la noche. Alguna vez, no siempre, venía Miguel con mi hermano Carlos y hablaban de literatura. Mi hermano y Miguel lo respetaban mucho, pero no había esas grandes reuniones de que se ha hablado. El iba a estar con su novia y nada mas”.

“Tertulias o encuentros”. Y “festear” con la novia. Acaso alguna conversación  literaria. Dejémoslo así. Yo no pude estar allí. Claro.

Lo que si sé es que en Orihuela, en su corto pero intenso invierno, a eso de las 7 de la tarde, nuestro río, que es dueño y señor de esta Oleza, suelta sus efluvios húmedos por todos los rincones de este pueblo, creando esa sensación gris y fría que “cala los huesos”. Y estoy seguro, de que quien tuviera la suerte de estar en aquellas horas, junto al horno de pan caliente, del pan “mas trabajado y fino”, encendido o en sus ascuas, hablando de lo “divino y de lo humano”, y además oyendo a Miguel Hernández, a Ramón Sijé, a Carlos Fenoll, a Jesús Poveda, y tal vez a algún  otro, no pudo haber vivido, momentos mejores. Entre el calor, el verso,  la memoria y los amores.

Pepito Marín y Josefina Fenoll.

La hermana de  Carlos Fenoll Felices.

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 Ramón Fernández Palmeral, con ocasión del centenario de su nacimiento ha escrito la biografía de Carlos Fenoll, al que llama el “poeta panadero”.

Y Palmeral en ella, nos presenta un conjunto de “poemas seleccionados” de Fenoll, quien, según nos dice, fue el primero en llamar pastor poeta a Miguel Hernández, cuando le escribió el poema “Sonata Pastoril”, dedicado a “Miguel Hernández, el pastor que en la paz y el silencio de la hermosa y fecunda huerta oriolana, canta las estrofas que le inspira su propio corazón”, y que en su hermoso poema y referido a Miguel nos dirá:

“Sus versos son cual la brisa
que acaricia con dulzura
cuando la tarde agoniza
al agua que se desliza
silenciosa en el Segura…

Ya torna a su hogar querido
por la vereda desierta
de su rebaño seguido.
Este pastor… ¡que ha nacido
Para cantar a su huerta¡.” 

También le escribió un poema a Sijé con el titulo de “Súplica”, pero para mí, Carlos Fenoll, alcanzó un lugar deslumbrante como poeta místico, comparable a los altos poetas, con su poema al Cristo Yacente que esculpiera Seiquer Zanón para la Procesión  del Santo Entierro de Orihuela.

Solo con estos versos bastan para consagrar a un gran poeta:

“¡Y esa mano, y esa mano que, muerta,
más no del todo fría,
levemente entreabierta
bendice todavía¡”.

Yo invito, a cuantos conozco, a que cualquier Sábado Santo, en la mañana, se acerquen al atrio del altar de la Iglesia de Santa Justa, y contemplen la imagen…y también…  ¡Y esa mano…¡ y musiten en silencio, como una oración,  el poema de Carlos Fenoll, al Cristo Yacente.

Y Miguel Hernández.

Yo debo confesar que casi no soy capaz de hablar de Miguel Hernández. Se me pone como un nudo en la garganta, al pronunciar su nombre. Pensar que el gran poeta del siglo veinte español, naciera en Orihuela, y que Orihuela es “su pueblo y el mío”; si, Ramón, el mío también, me impide cualquier otro comentario, de quien dijera de sí mismo:

“Alto soy de mirar a las palmeras
y rudo de convivir con las montañas”.

Miguel, además de la memorable Elegía, le dedico a Pepito Marín, un hermoso poema titulado “Insomnio”, que publicó en Destellos del 30 de noviembre de 1930, con la dedicatoria de, “A Ramón Sijé. Por tener juventud y ser levantino y soñador como yo”, del que copio estos versos:

“Por la sombra del éter una estrella resbala;
en un próximo aprisco melancólico bala
un chotillo que busca de la madre el querer;
y de un nido cercano, con calientes aromas
viene un poema de arrullos de fecundas palomas
a ponerme en los labios un sabor de mujer.”

Seguimos caminando Pepito y yo, y ahora por las cercanías del “Hotel Palas”, como le conocimos, volcado sobre el río Segral, tan recordado en las noches de la Semana Santa como lugar de encuentro de nazarenos, y para ahora acercarnos a la tertulia “mañanera” de Pepito, con sus amigos. 

Y allí en la “tertulia del Hotel Palas”, vemos de nuevo, tomando su aromoso café con Ramón Sijé, al Juez José Olmedo Almeida, a Juan Bellod, a Mariano Cremades, a Augusto Pescador, a José María Pina, a Plácido Gilabert y a Tomas López Galindo, compartiendo tantas cosas, tantas opiniones, acaso dispares, pero siempre amigos.

De entre ellos, Mariano Cremades Olmos, fue condiscípulo de Sijé en los estudios de la Carrera de Derecho, y hasta llegó a recibir clases particulares de Sijé de la difícil asignatura de “Filosofía del Derecho”, que Sijé dominaba, para lo cual Mariano Cremades acudía a su casa de la Calle Mayor, cuando cerro la academia que les preparaba, por ser estudiantes, o alumnos, “libres”, como antes se decía.

Y el Palas, está casi enfrente del Casino de Orihuela, donde, ¿recuerdas, Pepito?, Miguel Hernández, leyó y explico ante una pizarra su poema “La Elegía Media del Toro”· en el salón de fiestas de dicha sociedad.

Y al llegar a la “Barrera”, vemos al fondo la Glorieta de Orihuela.   

Yo la he conocido también muy verde, rebosando de grandes arboles y como tapizada en el otoño de muchas grandes hojas caídas al suelo de tierra, con las que confeccionábamos unas ceremoniosas coronas para jugar, haciéndonos pasar por indios. Y las trompas de madera, y las bolas de barro de “a perra gorda”, acompañaban los juegos, y más de una travesura, que se encargaba de intentar corregir un señor mayor vestido con un antiguo traje de guarda jurado, correaje incluido. Y que se encargaba también, al caer la tarde, yo no sé a que hora, de cerrar la verja que rodeaba y guardaba tan noble hermosura.

Y adentrados en este vergel oriolano, Pepito, te recuerdo y te vuelvo a leer aquello que escribiste en el Diario de Alicante con tu firma de Ramón Sijé, y bajo el título de “Lector de Miró, y “Fallo de Concurso”, dedicado a “Napoleón Bueno, siempre amigo”:

“El jefe de la estación de Orihuela que lleva bajo el brazo izquierdo un ejemplar de “El Obispo Leproso”,  y en su mano derecha una banderita de colorines, da salida a trenes fantásticos, que parten a todos los puertos y lugares del mundo.

Y ante los ojos de los lectores de libros españoles pasan, -como observa nuestro gran judío actual-  las páginas deliciosas de Gabriel Miró.

Esos lectores nos empujan a nosotros, precisamente, naturales de Oleza; a nosotros generosos como el aceite de nuestros olivares - el Olivar de Nuestro Padre a la cabeza -, porque a Oleza le viene el nombre “de la abundancia de sus arboles y de la generosidad de sus Oleadas”, como observa sutilmente, en página primorosa el mismo Miró; a nosotros, que despreciamos a los que nos atacan desde el anónimo, emplazándolos con valentía, con un ¡Oleza alerta¡  desde un escenario y ante numerosa gente.

Y por eso, nosotros, que representamos a todos los lectores de Gabriel Miró, quisimos levantarle un busto, en el jardín más bello de Oleza-, donde espiritualmente nació, él-, junto al pino más alto, - ¡ lastima no fuera su ciprés predilecto ¡  -, y desde donde se oyen los tañidos suaves de las campanitas de la Catedral.

Y hénos aquí, en este despacho, en esta noche que huele a Purita. Recordaréis a Purita,  “la novia más cortejada de Oleza”,  la recordaréis desnuda en aquella noche de luna.

Aquí están Ballesteros, el de “Oriolanas”; José María Pina, con su bigote y su afán de morir estrellado, en una carretera alicantina, recordando a Baudelaire el bueno, a Poe el fúnebre; a Pescador, con su marxismo y su cara de niño espantado; a Rodríguez el pintor;  Miguel Hernández que conduce cabras  y es pastor; y yo mismo, con mi nariz de César y el cráneo completamente rasurado”.

...  Coincidimos todos en el simbolismo de ese busto tan triste, de este Gabriel Miró resucitado,  obra de un escultor áspero y joven que se llama José Seiquer Zanón que tendrá un gran porvenir, y que es de Murcia, de donde era María Fulgencia, aquella muchacha que quiso comprar el Ángel de Salcillo.

El busto de Seiquer es admirablemente sencillo y en medio de su tristeza, sencillamente arrogante: he creído ver en él, la juventud de Don Diego, el nómada que fue alcalde de Jijona. Allá, más en la oscuridad, el busto de Aparicio, un muchacho que vive junto a un viejo teatro , en la Corredera, calle típica de Oleza y el busto de Pérez León, que estudia en San Fernando.

… Nos vamos, que duerman amigablemente todos esos bustos, todas esas imágenes de Gabriel Miró.

Mañana felicitaré al escultor premiado. Ahora, en este rato de la noche, soñaré con el gran Gabriel, que estará “en su cielo” - como Jorge Guillen decía de su madre -, descansando dulcemente lo mismo que Juan de la Cruz y Fray Luis”.

Y lo firmas así, “Ramón Sijé”, diciendo Olesa, en vez de Oleza, y con este cierre magnífico evocando a Fray Luis y Juan de la Cruz,

¿No es verdad, Pepito, y no me equivoco, si te digo que también Miguel, se inspiró en los versos del “Cántico Espiritual”, de Juan de Yepes,  para dar con ellos el título a uno de sus poemarios, “El silbo vulnerado” ?,

“Vuélvete, paloma,
Que el ciervo vulnerado
Por el otero asoma,
Al aire de tu velo, y fresco toma.
....
Mi amado, las montañas,
Los valles sombríos nemorosos,
Las ínsulas extrañas,
Los ríos sonorosos,
El silbo de los aires amorosos”.

Bueno, pues entonces resulta que, el día 2 de octubre de 1932,  la comisión que formasteis, concedisteis el premio a Seiquer, y colocasteis el busto de Miró en la Glorieta, y sobre un pedestal donde se lee “Oleza a Gabriel Miró”.

Y allí esta todavía, después de tantas lluvias, y tantos soles. Yo cuando me acerco, y vuelvo a ver el busto en la glorieta, percibo la ausencia. Sí, la ausencia, de aquellos hermanos de Oleza que lucharon con tanta ilusión. Y que se fueron. Porque la ausencia, es irremplazable. Sólo podemos luchar por el recuerdo, y a duras penas.

Y el premiado fue José Seiquer Zanón.

El escultor José Seiquer Zanón, no solo permanecerá eternamente unido a Orihuela a través del busto de Miró y de la admirable imagen del Cristo Yacente, sino por su vinculación familiar; por su matrimonio con una oriolana.  La señorita María Lucas Parra.

El periódico de Orihuela, Renacer de 28 de enero de 1931, bajo el titulo de “Una boda”, nos dice que “El pasado domingo, a las 10 de la mañana, tuvo lugar en la Iglesia Parroquial de Santas Justa y Rufina, el enlace matrimonial de la bella y elegante señorita María Lucas Parra, con el joven escultor de la vecina capìtal de Murcia Don José Seiquer Zanón. Actuaron de padrinos nuestro estimado compañero y Redactor Jefe de este semanario Don José María Lucas, Abogado, y Doña Josefa Zanón, viuda del Doctor Garí, de Valencia, hermano y tía respectivamente de los contrayentes.”

Hoy tenemos aquí su busto de Gabriel Miró, en Orihuela, en la Glorieta de Gabriel Miró, haciéndose realidad lo que escribió José María Ballesteros, en el periódico Autonomía:

“Por las calles de la ciudad de Orihuela, calles en su mayoría estrechas, adornadas por rejas y balcones que despiden el perfume de la albahaca y el clavel, nacidos en tiestos que cuidan delicadas manos femeninas... la figura de Miró, avanza sigilosamente, queriendo pasar inadvertida..”

Pero, yo creo Ramón, que gracias a vosotros, ya queda su figura presidiendo la Glorieta, como también en el pórtico de tu Revista “El Gallo Crisis”, que iniciaste con la frase del amigo, que aspirando el aromoso aire gritara: “Sigüenza, ¡Que olor a Corpus¡”.

Imagino que tendrás recuerdos imborrables de aquella jornada de la inauguración en la Glorieta, de la que he leído, que resultó, digamos un poco “entretenida”, aunque también sé, que no llego la sangre al río, y que el Segral, siguió corriendo sin sobresaltos, y ahora bajo la mirada de quien así pronunció su nombre; el nombre de nuestro río Segura.

Y de cómo se hizo eco la prensa del momento. Raimundo de los Reyes en la Revista madrileña, Blanco y Negro, os dedicó un hermoso articulo diciendo:  “A José María Ballesteros, a Ramón Sijé, a Miguel Hernández y a José María Pina, que en el remanso urbano de Orihuela, alimentan un culto inextinto por la obra y la persona - inolvidables - de Gabriel Miró, estas evocaciones sencillas, en la inauguración del monumento que han erigido a Sigüenza,  bajo los tilos y los álamos de su glorieta olezana”

 Parece que se hace tarde, Pepito. Si te parece volveremos a nuestro lugar de encuentro: a la Calle Mayor y desde esta Glorieta.

Y volveremos despacio, en esta hora, en la que aún continua el laboreo diario de las gentes de Orihuela, oliendo a nuestro paso, el aroma de pan caliente que sale de nuestras muchas tahonas, como aquella que esta cercana a la Calle Mayor, en la calle de Santa Lucía, curiosamente llamada “El Horno del Obispo”, porque dicen, que uno de sus antiguos dueños,  actuó en el Teatro Circo, vestido de obispo, y así quedo llamada su tahona para siempre. Y allí veremos, al pasar, al fondo a su dueño Manuel Terrés Pérez, vigilando el hacer de su obrador, al frente del encargado que llamaban “el Papacho”, haciendo monas, y sus especiales medias lunas de manteca y harina que llamaban “Relentes”, porque la masa, debía permanecer bajo el mismo, durante la noche.

Y llegamos a la altura de la casa de Pepito Marín, y para despedirme, le alargo la mano, para estrechársela fuertemente  y decirle:

Pepito; ha sido un paseo muy agradable en la Orihuela de tus amores y tus recuerdos.

 Yo no se si nos veremos alguna vez. En cualquier caso, yo soy como la frase de tu Revista: Yo tan sólo tengo fe.

Lo que si te prometo, es que me sumaré mientras pueda a aquellos paisanos nuestros, que conserven tu recuerdo.

 El recuerdo de un muchacho, que quiso ser y no pudo.

Que te fuiste tan pronto, que no te pudiste conocer.

Pero dejaste tu ejemplo: tu deseo de saber, de luchar y de creer.

Y solo por ello, pienso, que no se te debe olvidar, compartiendo tu energía, para teñir este mundo de colores, evitando los grises, y para alzar ilusiones tan altas como las torres y cúpulas morenas y bruñidas, resplandecientes al sol de nuestra Vega.  

Adiós, Pepito. Adiós, Ramón Sijé. Me vuelvo a mis quehaceres. Hasta que Dios lo permita. Y compartiendo contigo, y con todos los que sé que ahora me escuchan, mi inalterable y hermoso amor a esta tierra, a la que Gabriel Miró llamó Oleza.

Y caminaré lentamente por la calle Mayor, cargándome de evocaciones y recuerdos, y entonces, haciendo un alto en el camino, buscare en mis bolsillos el papel que me ha entregado mi muy querido amigo, ilustre oriolano, y gran persona, Manuel Cañizares Llanes, que contiene el poema que ha escrito a mi ruego, para leerlo por vez primera en esta noche, llena de recuerdos y nostalgias, y escuchar a través de sus versos, que titula “EL SILENCIO DE MIS NOCHES”, la voz de Orihuela.

“Guardo en el silencio de mis noches,
mil poemas, mil almas de los hijos de Orihuela,
mil nombres que amaron a su tierra venerada,
mil canciones, mil ensueños, mil misterios.

Es el silencio el que me habita
tras el eco del tañer de mis campanas.

Es el silencio el que me trae sus nombres,
Pepito, Miguel, Carlos, Manuel …
y  tantos otros que vivieron
sembrando glorias para mi excelso nombre.

Todos ellos quedaron anclados en mis recuerdos
o varados en mi puerto y preservados
bajo alas de cientos de orioles
hasta que sus obras y memorias nos asombren.

He sido en todos mis años, guardiana de sus sombras
y perpetuo columbario de los hijos que me amaron.

Aquí estoy, soy la Orihuela de siempre,
sigo aquí al pie de mis misterios,
añorando los nombres de mis hijos ilustres,
buscando entre mis sombras figuras etéreas
como delicado testimonio de su existencia.”

Y guardaré estos versos de mi amigo, firmados, “con mi mayor afecto”, en mi bolsillo.

Y caminando lentamente bajo las estrellas del cielo de la calle Mayor, me perderé de nuevo, entre el recuerdo y el silencio…

Buenas noches, y muchas gracias.

Octubre de 2013.


Conferencia pronunciada el día 31 de octubre de 2013, en el Auditorio de la Lonja, de Orihuela, dentro de la programación conmemorativa del Centenario del nacimiento de Ramón Sijé, promovido por la Comisión Organizadora de la efemérides, integrada por la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Orihuela, la Cátedra Miguel Hernández de la UMH, el Instituto de Cultura del Juan Gil-Albert, y la Fundación Cultural Miguel Hernández. El acto fue presentado por Aitor Larrabide, Director de la Fundación Cultural Miguel Hernández.


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