Sinopsis:

Página multimedia virtual sobre la vida, obra y acontecimientos del universal poeta Miguel Hernández -que murió por servir una idea- con motivo del I Centenario de su nacimiento (1910-2010). Administrada por Ramón Fernández Palmeral. ALICANTE (España). Esta página no es responsable de los comentarios de sus colaboradores. Contacto: ramon.palmeral@gmail.com

miércoles, 26 de noviembre de 2014

La huida fallida de Miguel Hernández en Portugal



  • SERPA (Ciudad Portiguesa)


      En abril de 1939, acabada la Guerra Civil, el poeta Miguel Hernández...,  intenta escapar de la represión del régimen de Franco. Pretende refugiarse en la Embajada de Chile, pero fracasa en su intento de que el diplomático Carlos Morla, contertulio de los poetas del 27, le facilite asilo y debe escapar de Madrid.
     Miguel Hernández viaja hasta la Raya. Unos kilómetros al sur de Extremadura, intenta cruzar desde el pueblo onubense de Rosal de la Frontera hasta la villa alentejana de Serpa. Pero no lo consigue. La policía del régimen de Oliveira Salazar en Serpa entrega al poeta al Cuerpo de Investigación de Vigilancia de Fronteras de Rosal de la Frontera [Que hizo el atestado].
     Si Miguel Hernández hubiera conocido mejor la idiosincrasia de la Raya, hubiera cruzado a Portugal un poco más al norte, de Valencia del Mombuey a Barrancos, hospitalario pueblo alentejano donde incluso la casa del médico, el doctor Fernandes, cercana a la iglesia, era lugar de refugio de huidos republicanos y donde el cura párroco, el padre Antonio Almeida, dejaba abierto el postigo de su puerta para que se escondieran en su casa los «rojos» que necesitaran auxilio y protección.
     Pero el poeta escogió mal, cruzó la frontera más al sur y comenzó así un calvario por varias cárceles españolas que acabó con su salud y con su vida el 28 de marzo de 1942. Es cierto que en 1939 fue liberado, pero volvió a equivocarse: en lugar de escapar, regresó con su familia y llegó la detención definitiva.

      Rosal de la Frontera es un pueblo blanco y grande de la Raya Seca. Hace ya muchos kilómetros, en concreto desde Cheles, que el Guadiana ha dejado de ser frontera para adentrarse en Portugal. Rosal es un pueblo relativamente moderno. Se creó hacia 1860 y mantiene la tónica demográfica rayana: 3.500 habitantes en 1950-60 y la mitad hoy.
   Rosal tiene una plaza bonita, un dolmen monumental y una casa de cultura que honra la figura del poeta cautivo: está instalada en la cárcel donde pasó sus primeros días preso Miguel Hernández, se reproduce la celda donde estuvo encerrado y se pueden conocer diversas facetas de su vida y de su obra.
Más interesante resulta, al otro lado de la frontera, la villa de Serpa, uno de los pueblos sorpresa de la Raya. Serpa llegó a ser un emporio artesanal y mercantil. Pero eso fue en el siglo XVI, cuando en el Alentejo se concentraba el mayor número de centros urbanos de Portugal y la región contribuía con el 27% de los impuestos a la monarquía portuguesa. En ese tiempo, Serpa destacaba por su agricultura, su ganadería, su artesanía y su comercio.
     Como en el resto del Alentejo, las guerras de Restauración de la independencia portuguesa, de Sucesión de España y napoleónica, acabaron, entre 1640 y 1814, con el desarrollo de la región. Los terratenientes se trasladaron a la Corte, se implantó el monocultivo del trigo y se acabó el equilibrio económico. Serpa llegó a tener 32.000 habitantes en 1960. Hoy, para no ser menos que Rosal y los pueblos vecinos, tiene exactamente la mitad: 16.000 en el municipio y 6.000 en la villa.
Serpa no goza de la misma fama que Monsanto, Monsaraz o Marvao, pero gracias a ello casi no hay contaminación turística y su visita es una admiración continua: no te esperas nada de lo que ves y la sorpresa gratifica mucho más que tantas postales repetidas.
    En Serpa, se conservan tres monumentos nacionales portugueses: el palacio de Ficalho, las murallas y la iglesia de San Francisco. Se puede pasear por la Rua da Figueira, declarada la calle más blanca de Portugal en 1987. Y, en fin, su casco viejo es un laberinto encalado de callejas preciosas donde salen al paso una plaza magnífica con su típico Café Alentejano y un hogar de la tercera edad donde «é estritamente proibido a permanéncia de pessoas alcoolizadas». Merece la pena ir a Rosal y a Serpa y rememorar la huida fallida de Miguel Hernández.