Sinopsis:

Página multimedia virtual sobre la vida, obra y acontecimientos del universal poeta Miguel Hernández -que murió por servir una idea- con motivo del I Centenario de su nacimiento (1910-2010). Administrada por Ramón Fernández Palmeral. ALICANTE (España). Esta página no es responsable de los comentarios de sus colaboradores. Contacto: ramon.palmeral@gmail.com

miércoles, 22 de octubre de 2014

Presentación del libro "De las urnas a las armas", de Juan Martínez Leal


Setenta y cinco años después del fin de la Guerra Civil, sigue importando —y mucho— comprender cómo pudo abismarse España hacia aquella catastrófica ruptura de la convivencia. De las urnas a las armas aborda la controvertida cuestión de las causas inmediatas de la Guerra Civil en la provincia de Alicante. Desde el incuestionable triunfo del Frente Popular en las elecciones de febrero de 1936 hasta el levantamiento militar de julio, la provincia de Alicante vivió envuelta en una intensa conflictividad social que abarcó diversos ámbitos. Desde los graves disturbios postelectorales que obligaron a declarar dos veces el estado de guerra, a la oleada huelguística de la primavera y, peor aún, a la proliferación de desmanes anticlericales y atentados personales que ensombrecieron la convivencia. El dominio del Frente Popular en todas las instancias de gobierno de la provincia y la creciente coacción social llevaron a las derechas a un retraimiento político excepcional o de excepción, que reforzó la conspiración militar ya en marcha contra la República, cuestionada también por importantes sectores de la izquierda marxista y anarquista. Más allá de los mitos acerca de la Segunda República, en rigor, sus valores e instituciones frieron patrimonio de unas minorías republicanas divididas y con un escaso arraigo electoral, permanentemente cuestionadas además por el avance irresistible de los totalitarismos en toda Europa, en un proceso que tan expresivamente calificó G. Mosse de "brutalización de la política".

     El libro De la urnas a las armas. El Frente Popular y los orígenes de la Guerra Civil en la provincia de Alicante, de Juan Martínez Leal, se presentó como estaba previsto en el Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert, a las 20.15 horas del día 22 de octubre, por Rosa Monzó, y los profesores Miguel Ors y Francisco Moreno Sáez. Los presentadores hicieron una perfecta descricción del tiempo de la república en Alicante en las elecciones del 36 así como su amistad con el autor de este libro imprescindible para aquellos que quieran profundizar en este periodo de Alicante y su provincia.
Después hubo una rueda de preguntas. La sala tenía completamente lleno su aforo con personas de pie. Lo cual habla muy bien del interés que demuestra las nuevas generaciones por este periodo de la II Republica y de nuestra historia.

  El libro lo he insertado porque pienso que puede ser de aprovecho para los hernandianos, sus coetáneos y os que desean estudiarlo. Os adjunto la dedicatoria de que me hizo honor el autor.


martes, 7 de octubre de 2014

Poema e ilustración para el 104º aniversario del nacimiento de Miguel Hernández

Miguel Hernández Gilabert nació en calle San Juan de Orihuela el día 30 de octubre de 1910.









Leer el artículo: Infancia y juventud de Miguel Hernández

Horror de las cárceles (pesadillas de Miguel Hernández)



Mis palabras son ineluctables.
Son filiales de la tuyas.

 Carta a C. Rodríguez Spíteri(10/10/41).

         Carlos: Ni Josefina ni yo sabemos nada de Vergara desde hace más de tres       
        meses. Y el hambre es apremiante siempre. Y se despide: No me recuerdes
        a Cossio. Recuérdame a los amigos de verdad.

En el mismo mes le dice a (Antonio Ramón Cuenca, preso de la celda contigua, compañero de pastoreo y de las JJSS).
         Tengo una vida que puse al servicio de mi ideal y si tuviera doscientas
         vidas lo mismo las hubiera dado y las volvería a dar ahora.
En cambio fue J. Mª de Cossio una gran ayuda en su vida, y le libró de la muerte.

A Josefina Manresa (Nota 308).
Josefina  manda sin falta el algodón sino quieres que me curen con trapos. Pregunta a D. Luís qué pasa que no me trasladan. Será que no ha hablado con Máximo Cuervo.

Escribe Pablo Neruda:

        … que para mí de toda la poesía, 
           tu eras el fuego azul.

Según testimonio escrito de uno de los Jefes médicos del Penal de Segovia en los años cuarenta:
          Conocimos la espantosa situación de lo encarcelados, con plagas, a causa del hacinamiento que causaban una gran mortandad (en 1941 unos 141.000).

30 Octubre Celebración de su 104º de su Nacimiento(1910-2014).

Recordando aforismos del poeta Universal:
*Un amor hacia todo me atormenta…
*… Desde entonces acá, vengo luchando de muchas maneras y sólo me canso y  no estoy contento cuando no hago nada.
* Si analizas tu alegría te entristeces.
*Hoy me parezco a mi mañana a nadie.
*Luchando cuerpo a cuerpo con mi cuerpo.
*El más gran pensamiento es no pensar en nada.
© Manuel-Roberto Leonís, Orihuela.

jueves, 2 de octubre de 2014

Instancia solictando permiso para celebrar una fiesta literaria.

"Instancia solicitando permiso para celebrar una fiesta literaria con Miguel Hernández, Ramón Sije y Carlos Fenoll"

La pieza del mes del Archivo Histórico Municipal


          8 de abril de 1933.   Signatura: F 428, s.nº.

Instancia del Presidente de la Casa Social de los Obreros Católicos solicitando permiso para celebrar una fiesta literaria en la que participaron Miguel Hernández, Ramón Sijé y Carlos Fenoll.
DÍA:
  • Del 1 al 31 de octubre de 2014
LUGAR:
  • Biblioteca Pública Municipal María Moliner | Archivo Histórico Municipal

miércoles, 1 de octubre de 2014

Exposición bibliográfica sobre Miguel Hernández

Contenido

Exposición bibliográfica sobre Miguel Hernández

1931-2013

Esta muestra bibliográfica está dividida en dos partes bien diferenciadas: una primera, de ediciones, en la que se ofrecen algunas originales y diverso material documental escasamente difundido en exposiciones, así como antologías y revistas literarias españolas de posguerra y de América Latina, y traducciones; y una segunda parte, en la que se recorre un amplio espacio temporal de recepción y atención crítica, desde finales de 1942 hasta el primer decenio del presente siglo XXI, con una muestra de publicaciones editadas por la Fundación Cultural Miguel Hernández.            

EDICIONES


VITRINA 1
INICIOS POÉTICOS (1931-1936)
Primeras colaboraciones en revistas oriolanas (Destellos, El Gallo Crisis, Silbo) y nacionales (Cruz y Raya, Rumbos, Revista de Occidente), así como participación en actos culturales (homenajes a Gabriel Miró y a Ramón Sijé) y publicación de sus primeros libros (Perito en lunas y Quién te ha visto y quién te ve y sombra de lo que eras).        

VITRINA 2
GUERRA CIVIL Y RESCATE EDITORIAL (1937-1951)
Presencia de la obra hernandiana en antologías y romanceros durante la Guerra Civil, tanto en España como en América Latina (principalmente, Argentina y México), y primeros intentos de rescate editorial en España a través de revistas de poesía de alcance reducido, llevados a cabo generalmente por amigos y admiradores.        

VITRINA 3
PRESENCIA VIVA EN AMÉRICA LATINA (1951-1959)
Antologías, revistas, las ediciones de Obra escogida (1952) y de Obras completas (1960), todavía tímida presencia editorial en España.

VITRINA 4
RECONOCIMIENTO EDITORIAL (1970-1988)
Plena presencia editorial en España, al calor de los nuevos aires de libertad.

VITRINA 5
UNIVERSALIDAD DE UN POETA (1990-2010)
Fijación textual de la obra completa hernandiana en 1992 y traducciones en varias lenguas (francés, italiano, esperanto, náhuatl, flamenco, etc.).
        

RECEPCIÓN CRÍTICA


VITRINA 6
PRIMEROS ESTUDIOS (1942-1968)
Primeras biografías y estudios (Juan Guerrero Zamora, Concha Zardoya, Elvio Romero....), mezclados con homenajes poéticos (Juan Mederos, Vicente Aleixandre, Armando Solari, Cesáreo Rodríguez-Aguilera, José Gerardo Manrique de Lara....). Presencia de la obra hernandiana en el mundo académico con Juan Cano Ballesta (1962), Claude Couffon (1963 y 1967), con Dario Puccini (1966) y con Gabriele Morelli (1970), así como con números monográficos de revistas (Ínsula, Cuadernos de Ágora, Promesse...), y primeras versiones musicalizadas de poemas (Paco Rabal).      

 VITRINA 7
CONSOLIDACIÓN CRÍTICA (1968-1980)
Homenajes durante 1968 en Orihuela (Oleza), Turín (Quaderni Ibero-Americani) y Puerto Rico (Puerto), en 1971 en Orihuela (Boletín Extraordinario Tháder), y durante la Transición española (1976-1981), así como fijación memorialística del poeta a partir de mediados de años 70 y primeros años 80 (Francisco Martínez Marín, Manuel Muñoz Hidalgo, Federico Bravo Morata, Josefina Manresa, etc.).

VITRINA 8
NUEVOS CAMINOS EN LA CRÍTICA ESPECIALIZADA (1982-2013)
Homenajes en la Comunidad Valenciana durante 1985, 1987 y 1992, estudios sobre aspectos concretos de la obra hernandiana, actividades de difusión (Senda del Poeta), y entidades y colectivos centrados en la figura del poeta oriolano (Asociación de Amigos de Miguel Hernández,  Cátedra Miguel Hernández, Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Orihuela...). Se ofrece una breve muestra de publicaciones editadas por la Fundación Cultural Miguel Hernández.           


  • Organiza: Fundación Cultural Miguel Hernández
EXPOSICIÓN PERMANENTE
LUGAR:
  • Fundación Miguel Hernández


Fotos del Curso de Verano ""El hombre acecha", en Orihuela, 25 y 26 de septiembre

PERITO EN LUNAS, comentario de Luis María Marina




Luis María Marina


     
      El de Miguel Hernández es uno de esos casos, tan del gusto contemporáneo, en que la figura del hombre pareciera luchar un duelo fratricida con la palabra del poeta. Se ha empleado tanto tiempo en discernir si su padre era tratante de cabras o simple cabrero, si el carácter del hombre se forjó en su formación o amistades católicas, en sus bucólicas excursiones o su enamoradiza inclinación, que nos hemos olvidado de leer toda su obra. Pecado venial si no fuese porque Miguel ha llegado a ser un poeta mayor de nuestra lengua con escasos cinco poemarios: Perito en lunas, El rayo que no cesa, Viento del pueblo, El hombre acecha y Cancionero y romancero de ausencias; sumados, no llegan a dos mil versos. Obedezca esta circunstancia a la confluencia azarosa de vida y obra o a una confusión inducida por el propio poeta en el Cancionero, lo cierto es que los dos Migueles, el hombre de letras y el hombre a secas, se funden en el torrente imparable de la Guerra civil y así llegan a nosotros, como aguas revueltas que los meandros de estas apenas siete décadas transcurridas desde su muerte han sido incapaces de decantar. Conscientes del riesgo de perdernos en tan tupido bosque, limitémonos a explorar cómo el poeta Miguel Hernández se convierte formalmente en tal, cómo publica sus primeros y acaso menos leídos versos, cómo, en fin, obtiene su peritaje en lunas.
(La Oveja, dibujo de Ramón Palmeral)
    
    
     Perito en lunas, poemario publicado en 1933 en la Colección sudeste de Murcia, con una tirada de sólo trescientos ejemplares, supone el ingreso del poeta de Orihuela en el concurrido ruedo poético de la España de los primeros treinta. Por esas mismas fechas Juan Ramón continúa escribiendo versos de La estación total, Lorca rumia aún los poemas de su fecunda estancia en Estados Unidos (de la que nacerá Poeta en Nueva York, sólo publicado en 1940, en México, gracias a Altolaguirre), Aleixandre acaba de publicar Espadas como labios y de recibir el Premio Nacional de Literatura por La destrucción o el amor –que no verá la luz hasta 1935–, Jorge Guillén sigue ampliando las resonancias de su soberbio Cántico, Cernuda está a punto de dar a la prensa Donde habite el olvido. Sin miedo aparente a parecer un enano en medio de esta generación de gigantes muy conscientes de su propia estatura (“hoy se hace en España la más hermosa poesía de Europa”, escribirá Lorca a Hernández), el joven y audaz (¿temerario?) poeta provinciano, su lira balbuciente, dubitativo aun en el nombre –es el único de sus libros firmado como Miguel Hernández Giner–, el corazón y la cabeza a punto de estallar por la opresión de los versos contenidos, tiene la osadía de presentarse con una breve colección de cuarenta y dos octavas reales, apenas 336 endecasílabos. Si la comparación, evidente, con sus maestros contemporáneos no arredra a Miguel, menos aún lo hará el cotejo con los clásicos, de quienes mana su verdadero manantial.      La estrofa elegida es aquella “octava rima” que Boscán trajera a nuestra lengua rescatándola de las itálicas costas y que Garcilaso y Góngora elevarían entre nosotros a alturas inigualables. Siglos después de que la Tercera Égloga y la Fábula de Polifemo y Galatea hubiesen aparentemente agotado los recursos de esta estrofa, Miguel Hernández busca mostrar su dominio del “bajo son de la zampoña ruda” que Garcilaso, donoso cortesano, y Góngora, poltrón beneficiario de suculentas canonjías, sólo habían experimentado en latinas páginas y que el poeta de Orihuela ha tallado con sus propias manos.
    En su primer poemario, aun consciente de que pocos serán quienes lo escuchen, todo poeta aspira a definir sus intenciones (su ars poetica, que Aristóteles y Horacio convierten en un género con identidad propia), mostrando de paso cuál es la tonalidad de la voz con que se apresta a tañer. Así lo hace Miguel Hernández. Su propósito es épico (como épicas son las obras de los cultivadores de la octava rima en el quattrocento, Boiardo, Ariosto, y quincuecento, Tasso), mas comparte aspiraciones místicas. En los versos de Perito en lunas contemplamos al poeta en formación, barro viscoso que aún debe ser modelado, alma que emprende la más hercúlea hazaña: ser capaz de alzarse sobre sí misma y triunfar de su pobre condición (y no hablamos ya de materia, sino de espíritu, de nuestra limitada condición mortal). En este primer Miguel Hernández la intuición poética es elevación, afán de levedad, vía iluminativa, limpieza de las máculas que la tierra surca en las manos del labrador, de la marca que la privación imprime a fuego en el alma del pobre. Deseo de “ser leves/ libres de los lodos”. Huida de aquel “paisaje sin mantel/ de casa gris …/ los pastos pobres …/ la colina escasa”. Con claridad lo expresa una de nuestras críticas más lúcidas, Concha Zardoya: “Desde este momento, toda la vida de Miguel será un constante esfuerzo por elevar hasta su dignidad interior y hasta ese plano de hermosura superior todas las cosas feas y tristes que cercaron su existencia.”
 
      Pero, igual que el alma que abandona el cuerpo durante la experiencia mística no desdeña la prisión que antes la contuvo y a la que inevitablemente ha de volver, el poeta habla de esas cosas feas y tristes con alegre melancolía, pues en ellas va su íntimo ser y a ellas han de retornar sus pasos. En esa pobre mesa campesina hay “colores agradables a los dientes”. La vendimia se resuelve en animado baile. La granada es revolución de los huertos. El azahar, “en el principal mundo de tu aliento/ en un mundo resume un mediodía”. La lavandera agachada sobre la ropa, en la ribera, se convierte para el niño que la observa oculto tras de un árbol en deseo puro, suprema tentación infantil. El gallo, “arcángel tornasol, … dentado de amaranto, anuncia el día”. Las ubres de la cabra mudan en sutiles “manantiales de luna”. El surco, resumen y símbolo del ciclo vital, “brío, era, masas, horno”. Experiencias todas ellas que nos hablan de una infancia paleolítica en pleno siglo XX, inmutable, esencia permanente de la especie en su comunión iniciática con la naturaleza. Si amplia y bien documentada es la influencia de Neruda sobre la poesía de Miguel Hernández, no hay que olvidar que en este surco abierto por la yunta de Miguel y que eleva el artefacto cotidiano (rural aquí, y no bucólico) a artefacto poético, han de florecer, llegada la sazón, las Odas elementales del chileno.
     En otros momentos, la barroca perífrasis amenaza con anegar ciertos versos de honda inspiración popular. Tamizada, claro, a través de la lente de Lorca. Tal el caso de los que dedica a los gitanos en la octava XVI, “Serpiente”: “Dame, aunque se horroricen los gitanos,/ veneno activo el más, de los manzanos.” O los de la octava XXIX, una de las más logradas, dedicada a las gitanas, con claros resabios del Romancero gitano: “¡Lunas!, Como gobiernas, como bronces,/ siempre en mudanza, siempre dando vueltas./ Cuando me voy a la vereda, entonces/ las veo desfilar, libres, esbeltas.” En ese retablo lorquiano no pueden faltar dos siervos de la luna, el toro y el torero, a quien grita el poeta con castizo acento: “¡Ya te lunaste!”
     Perito en lunas es extraño y exuberante. Por momentos, la idea parece a punto de perderse en el laberíntico hipérbaton, en la frondosidad de la metáfora culterana. Mas las raíces de donde tales versos se nutren son tan profundas que impiden que la planta joven se destierre. Nos referimos, por un lado, a esa genialmente extraña unión que representa la doble herencia de nuestro Siglo de Oro: poesía excelsa y suprema pobreza. Del mismo modo que el estiércol nutre la más bella flor, la más postrada condición del hombre alienta versos soberbios. El de Orihuela no fue el primero ni será el último en la legión de poetas pobres que en el mundo ha sido (“he oído decir que [la poesía] es pobrísima y tiene algo de mendiga” espeta la gitana de la novela ejemplar de Cervantes al paje aspirante a poeta), pero quizás sí el primero entre nosotros que hace de la pobreza su patria poética, desbrozando el camino que luego seguirán la poesía social de la postguerra o la poesía pobre del Blues castellano. Por otro, al estoicismo nihilista impreso en las entrañas y la memoria de cada español y que Jorge Manrique convierte en adagio: “Cómo se viene la muerte/ tan callando.” Como hierba todavía fresca, en la poesía de Perito en lunas apunta ya el suicida en cierne, el Miguel nihilista que presiente la lluvia de cuchillos –muerte callada–, que los augura por doquier, también clavados en su pecho.
      Como en todo buen primer libro, múltiples son las influencias. La falta de oficio la suplen con creces las lecturas (si no incontables, sí exprimidas al máximo), los infinitos ensayos, la intuición febril. Perito en lunas bebe de Garcilaso y Góngora, de Aleixandre y Ramón Gómez de la Serna, de Valéry. Aun en la visualidad de ciertas imágenes, atisbamos un cuasi caligrama: “Anda, columna, ten un desenlace de surtidor”, escribe en la octava V, “Palmera.” En lo profundo, Hernández no desdeña el impulso romántico, que llega a su venero por afluentes modernistas más que becquerianos (el raro epíteto opimos, que leemos en la octava II, aparece al menos en tres ocasiones en las Lascas diazmironianas). Como buen primer libro, Perito en lunas pasó prácticamente desapercibido para los lectores y la crítica de su tiempo. Federico García Lorca trata de consolar al oriolano: “Tu libro está en el silencio, como todos los primeros libros, como mi primer libro, que tanto encanto y tanta fuerza tenía.” Cómo saber si esta palabra de aliento del colega igualmente joven pero ya consagrado fue determinante para que Miguel Hernández siguiera haciendo versos, componiendo libros quizás mejores, más sinfónicos, más completos. En todo caso, ya en este primer ensayo su voz poética se afirma sólida, con la brillantez propia del poeta primerizo, impaciente, preñado de intuiciones. Con Perito en lunas y sus cuatro libros posteriores, señala Luis Felipe Vivanco –compañero de la generación de ’36, llamada “promoción de la República”, pero inevitablemente asociada ya para siempre a la guerra del millón de muertos–, Miguel acabará, pese a su muerte, “quedándose, y quedándose como poeta español, poeta de la verdad humana siempre”