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lunes, 30 de diciembre de 2013

El final de año de 1932, Federio García Lora estuvo en Alicante con La Barraca



FEDERICO GARCÍA LORCA CON LA BARRACA EN ALICANTE
                                   Por Gaspar Peral Baeza

Pubicado en la revista PERITO nº 9 del 9 de octubre de 2006
 


 TEXTO:


     En el diario local EL LUCHADOR de 28 de diciembre de 1932 se publicó una noticia con el titular siguiente: “Ha llegado a Alicante ‘La Barraca’. Teatro Universitario”.

     La Barraca la formaban, como actores, un grupo de estudiantes universitarios que aprovechaban sus vacaciones para llevar a los pueblos de España el esplendoroso repertorio de nuestro teatro clásico. Estaban  dirigidos por Federico García Lorca, y  co-dirigidos por Eduardo Ugarte (yerno del ilustre autor teatral alicantino don Carlos Arniches al estar casado con una hija de éste, Pilar). Nació este itinerante grupo teatral, no profesional, como una sección  de la Unión Federal de Estudiantes Hispanos. Comenzó su andadura escénica en Burgo de Osma (Soria) el 10 de julio de 1932, una vez  que se consiguió el impulso y la subvención del Ministerio de Instrucción Pública, cuya cartera la ocupaba don  Fernando Giner de los Ríos.
     En Alicante presentó dos programas, que detallaba el anuncio periodístico aludido antes. Uno, popular, a base de los entremeses cervantinos y otro “para público más restringido”, un auto sacramental calderoniano. Resulta incomprensible que en el libro dedicado a historiar a esta agrupación teatral estudiantil, La Barraca. Teatro Universitario, seguido de Federico García Lorca y sus canciones para La Barraca, de Luis Sáenz de la Calzada (Madrid, Residencia de Estudiantes/Fundación Sierra Pambley, 1998, p. 221) se diga: “VII actuación. Diciembre de 1932-enero de 1933. Itinerario: Alicante, Elche y Murcia. Sólo se llevó La vida es sueño”.  
     Las  dos funciones tuvieron lugar en el Teatro Principal, donde estaba actuando tarde y noche la Compañía de revistas de Sara Fenor que había estrenado La pipa de oro, libro de Enrique Paradas y Joaquín Jiménez, música de los compositores alicantinos Ernesto Pérez Rosillo y José María Mollá, la cual solamente fue representada a  las diez de la noche del 29 y 31 (más el 30, tarde y noche). Dejando que a las seis de la tarde de dichos 29 y 31 pudiera presentar su repertorio el grupo La Barraca.
      La entrada a las representaciones estudiantiles era gratuita,  por medio de invitación que había que recoger, también según otro anuncio periodístico, en fecha y horas determinadas, en el local del Ateneo alicantino. Por cierto, en el artículo “El Ateneo y el Grupo Teatral de Altavoz del Frente (Apuntes y recuerdos)”, de  José Ramón Clemente, publicado en la revista CANELOBRE (nº 7/8, verano-otoño 1986), se afirma, en la página 140, que  “Como estudiante mantuve contacto e incluso en cierta forma intervine en La Barraca, el teatro universitario que dirigían García Lorca y Ugarte, que poco antes de la guerra estuvo en Alicante a mis instancias y a las de la FUE (...)”.
     En la función del día 29, primera representación, se pusieron en escena los entremeses originales de Miguel de Cervantes titulados La cueva de Salamanca (decorado y trajes de Santiago Ontañón), La guarda cuidadosa (decorados y figurines de Alfonso Ponce de León) y Los dos habladores (escenografía y vestuario de Ramón Gaya).  Este último entremés se anunciaba como de Escuela Cervantina, por su dudosa atribución  al autor del Quijote. La gracia y el donaire de las breves piezas, que fueron correctamente interpretados por los juveniles actores-estudiantes, hicieron las delicias de los espectadores.
     La segunda representación, seis de la tarde del día 31 de diciembre de 1932, San Silvestre, fin de año, comenzó con la lectura de unas cuartillas, como se solía hacer siempre, por parte de Federico García Lorca, explicativas de lo que significaba el grupo estudiantil en su entrega a la difusión del teatro español del Siglo de Oro. Después de este prólogo -según la crítica, “pórtico admirable a todas las maravillas que siguiéronle”, se ofreció al público, que abarrotaba el Teatro, el auto sacramental de Pedro Calderón de la Barca titulado La vida es sueño, con realización plástica de Benjamín Palencia (quien había diseñado el escudo de La Barraca: la rueda y la carátula), e ilustrado musicalmente con cantatas de la época. He de significar que la obra que aquí se montó fue el Auto alegórico y no la comedia filosófica de idénticos título y  autor. Los espectadores de aquella tarde en el Principal tuvieron la posibilidad de aplaudir a Federico García Lorca  no sólo como director de escena sino como actor, ya que interpretó el personaje de LA SOMBRA. La crítica local de entonces describió al poeta granadino “envuelto en amplios tules negros con un tocado bicorne del que pendían también oscurísimos velos”. Sin embargo, en el libro Unos pocos amigos verdaderos, de Santiago Ontañón y José Mª Moreiro, con prólogo de Rafael Alberti (Madrid, Fundación Banco Exterior, 1988, p. 147), se dice que “Federico, que iba en calidad de director, tan sólo hizo una vez de actor; por cierto, bastante mal. Hizo de la noche en el auto de Calderón y salió envuelto en unos mantos de tul, negros, que resultaban catastróficos. Nosotros le decíamos que parecía una viuda tibetana y él se reía, como siempre, con aquella sonrisa que llenaba el mundo”. En las ediciones del auto calderoniano que he consultado, el personaje  que citan Ontañón y Moreiro es LA SOMBRA y no la noche. El crítico J. Ferrándiz Torremocha, en EL LUCHADOR de fecha 3 de enero de 1933, se deshace en elogios y, entre otras cosas, dice que  el público, que llenaba por completo el aforo, “ovacionó con entusiasmo, absorto, deslumbrado, la innegable, la total hermosura del espectáculo (...) e hizo objeto de una clamorosa ovación al Ministro de Instrucción Pública que desde un palco presenció el espectáculo, testimoniando así su conformidad a esta labor de cultura que La Barraca lleva por España.”. Añadamos que don Fernando de los Ríos, Ministro de Instrucción Pública, valedor de la creación y desenvolvimiento de este teatro estudiantil, había llegado unos días antes a Alicante con el propósito de asistir a las funciones y ver la actuación de su hija Laura de los Ríos, estudiante-actriz del grupo entonces y que tiempo después contraería matrimonio con Francisco García Lorca, hermano del poeta.
     Otros dos ministros del Gobierno republicano estaban en Alicante aquel 31 de diciembre de 1932. El de Agricultura, Marcelino Domingo, y el de Obras Públicas, Indalecio Prieto. No asistieron, que se sepa, a las tardes teatrales alicantinas de LA BARRACA. (Véase, al respecto, mi artículo “Fin de año con García Lorca”, ABC,  Madrid, ed. de Alicante, 21 diciembre 1994, p. 56.  La Nochevieja de 1932 todo el grupo teatral la celebró en el Hotel Palace  de nuestra ciudad).
     Federico García Lorca hizo un gran reconocimiento del público alicantino. De él dijo lo que sigue (O.C., Madrid, Aguilar, 1962, 4ª ed., p. 1717): “Yo he presenciado en Alicante cómo todo un pueblo se ponía en vilo al presenciar una representación de la cumbre del teatro católico: ’La vida es sueño’. No se diga que no lo sentían. Para entenderlo, las luces todas de la teología son necesarias. Pero para sentirlo, el teatro es el mismo para la señora encopetada como para la criada (...)”.
     Quedan varias referencias gráficas de la estancia de Federico García Lorca y LA BARRACA en Alicante. En especial, se ha publicado mucho la fotografía tomada  en la playa de El Postiguet por Juan Guerrero Ruiz, Secretario del Ayuntamiento de Alicante y Bibliotecario del Ateneo alicantino, a quien Federico García Lorca denominó “Cónsul general de la Poesía”, en la que aparecen Antonio Blanca, periodista, José Juan Pérez, músico, director de la Orquesta de Cámara, el poeta granadino con el uniforme del grupo teatral, y Gastón Castelló, pintor. Renuncio a detallar los libros y otras publicaciones en los que aparece esta fotografía con la fecha equivocada, e incluso en el texto que la acompaña.     
     LA BARRACA y Federico siguieron su ruta artística: Elche y Murcia. Un par de  días después, el 2 de enero de 1933, en la ciudad del Segura fue donde se conocieron, en casa del periodista Raimundo de los Reyes, un poeta ya consagrado, Federico García Lorca, y un joven poeta ilusionado, Miguel Hernández, que llegaba hasta allí con motivo de la última corrección de pruebas de su incipiente libro Perito en lunas.
      A propósito: asesinado Federico en Víznar (18-19 agosto 1936), ¿fue designado Miguel Hernández director de LA BARRACA en 1937? El propio Miguel, en la Declaración indagatoria ante el Juez Militar de Prensa, en Madrid, a seis de julio de 1939,   dice que “hace constar que desde enero del 37 en que sale del 1er. Bon. Movil a marzo del mismo año estuvo en ‘La Barraca’ tratando de reorganizarla.” (Proceso a Miguel Hernández. El Sumario 21.001, de Juan Guerrero Zamora,  Madrid, Dossat, 1990, p. 81). Pero este es un asunto que excede al señalado inicialmente y del que  Aitor L. Larrabide  ya se ha ocupado en parte de un trabajo suyo, próximo a publicarse, titulado  “El laberinto inextricable de Miguel Hernández: su viaje a Rusia en la prensa alicantina y valenciana (1937)”.