Sinopsis:

Página multimedia virtual sobre la vida, obra y acontecimientos del universal poeta Miguel Hernández -que murió por servir una idea- con motivo del I Centenario de su nacimiento (1910-2010). Administrada por Ramón Fernández Palmeral. ALICANTE (España). Esta página no es responsable de los comentarios de sus colaboradores. Contacto: ramon.palmeral@gmail.com

lunes, 25 de julio de 2011

Miguel Hernández y el vino



Por Ramón Fernández Palmeral

Miguel Hernández ha sido uno de los poetas que ha cantado al vino, al vino de Alicante, de Andalucía y de la Mancha. En sus metáforas, en sus vivencias, en sus anhelos, el vino estaba presente en su vida.
Miguel Hernández le cuenta a Josefina en una carta del domingo 22 de marzo del 1936, desde Albadalejo (Ciudad Real), durante las Misiones Pedagógicas a La Mancha, tierras del mejor vino, desde el 12 al 22 de marzo: "Además, para colmo de males, de tanto variar de climas, aguas, comidas y camas, he cogido hace tres días una infección al estómago y he tenido que ir a que me vea el médico..." ¿No sería todo consecuencia de unos vinos picados, pues nadie duda que beber vino bebían todos los hombres como una forma de olvidar penalidades? Es mucho suponer, pero no hagamos de Miguel un santurrón, le gusta tomar unos vinos y la mujeres. En carta del viernes 20 de marzo del 36, le confiesa a Josefina: "No te niego que he conocido a otras mujeres, pero he visto la diferencia enorme que hay entre tú y ellas y te prefiero a ti sobre todas."
Testigo de una borrachera que cogió Miguel en Valdepeñas durante las Misiones Pedagógicas es el poeta y compañero de expedición Enrique Azcoaga (marzo de 1936):


[…] Fue en Valdepeñas, Miguel…
¿Cómo no vas a acordarte…?
El mediodía manchego
sabía a lo que tú sabes.

Una luz de dicha abierta
sin ningún aire de cárcel,
abrió a la vida el camino
siempre alegre de un viaje.

Al volver para Madrid
con más vino que talante
en una tercera de Dios
parecíamos dos ángeles […]

[…] proclamar con equilibrio,
con luminoso coraje,
al acento de hombre entero,
la alegría impresionante

de ser limpio, ser honesto,
ser “labrador de más aire”,
embriagándose a su vez
para embriagar a los graves.

A quienes -¡recuérdalo!-
desde aquel pobre viaje
procúranos merecer
tu amistad, Miguel Hernández […]




En la página 314 de C.O. de RBA, encontramos el poema "Fiesta",

Ebrios, cristo con braguetas,
al revés que en Canaan,
vinos tintos, aguas netas
por los bajos grifos dan:
las torpes brújulas van.
más que parientes, consorte
de los plátanos sus portes...


Dedica una oda al cino, lo escribió en el periodo de "Primitivo silbo vulnerado"

ODA AL VINO, por MIGUEL HERNANDEZ

A lluvia de calor, techo de parras,
a reposo de pino,
actividad de avispas y cigarras
en el sarmiento fino,
cuerda de pompas y sostén de vino.

Morada episcopal, la cepa nimia,
bajo la luz levante,
en situación se pone la vendimia,
luciendo a cada instante
racimos en estado interesante.

India del grano, asociación del lujo,
vinícola paisaje,
como un mediterráneo sin reflujo,
ni flujo ni oleaje,
sólo esplendor y espuma de ramaje.

Pronto se besarán en la banasta,
nido por coincidencia,
hasta que diga el pie bailable: !basta!
las uvas: concurrencia,
asiduidad de peso y transparencia.

Les concede sazón en su mañana
la Virgen del Carmelo:
pronto la ubre oro y la de grana
enviscarán el suelo
de moscatel y tinto caramelo.

Al vino ya la tumba de madera
le prepara su fondo;
el vaso su torreón, su vinajera
la misa, el cáliz mondo:
! triunfo y consagración de lo redondo!

Lo calzarán las botas, a las cuales,
si aspecto da, despega:
latidos de las vides y costales,
palpitación y entrega
al archivo mayor de la bodega.

Subterráneo pantano de los vinos,
y camposanto oscuro
con cruz de grifo y muertos extrafínos,
corno un dulce seguro
de fontanas de pino y vino puro,

¡Qué agrado será allí verle cubierto,
hacerse espeso anciano,
impedido de árbol como el muerto,
redondo como el grano,
pistola, por el grifo, herir la mano!

Llave del vino, sexo que atraganta
la mano tabernera:
grifo corriente, y no, freno que canta
y calla, y no, y espera,
y sangra geometrías de madera.

¡Qué regalo beberlo con aroma
y calidad de higo,
sobre carácter de panal y goma,
y un cirineo amigo
buscar para el error, la duda digo¡..
.(sigue)



Pablo Neruda tenía también un gusto al cáliz profano, o al vaso de vino, años atrás en Madrid se habían bebido algunos vasos juntos por la zona de Correos, escribe "junto a Federico, a Vicente Alexandre, a Delia del Carril, y a mí mismo. Y recuerdo a nuestro alrededor aquellas madrugadas, cuando amanecíamos dentro del azul de un poco de carne invernal" (Dedicatoria a Neruda en el poemario "El hombre acecha" (1939).
Leamos un fragmento de "Oda al vino" de Pablo Neruda.

ODA AL VINO

VINO color de día,
vino color de noche,
vino con pies de púrpura
o sangre de topacio,
vino,
estrellado hijo
de la tierra,
vino, liso
como una espada de oro,
suave
como un desordenado terciopelo,
vino encaracolado
y suspendido,
amoroso,
marino,
nunca has cabido en una copa,
en un canto, en un hombre,
coral, gregario eres,
y cuando menos, mutuo.



Miguel escribió para Pablo Neruda

ODA ENTRE SANGRE Y VINO

Viene a tu voz el vino episcopal,
alhaja de los besos y los vasos
informado de risas y solsticios,
y malogrando llantos y suicidios,
moviendo un rabo lleno de rubor y relámpagos,
nos relame, buey bueno, nos circunda
de lenguas tintas, de efusivo oriámbar,
barriles, cubas, cántaros, tinajas,
caracolas crecidas de cadera
sensibles a la música y al galope,
y una líquida pólvora nos alumbra y nos mora,
y entonces le decimos al ruiseñor que beba
y su lengua será más fervorosa.

...Yo te veo entre vinos minerales
resucitando condes, desenterrando amadas,
recomendando al sueño pellejos cabeceros,
recomendables ubres múltiples de pezones,
con una sencillez de bueyes que sestean.
Cantas, sangras y cantas; te pones a sangrar
y no son suficientes tus heridas
ni el vientre todo tallo donde tu sangre cuaja.

...A la vuelta de ti, mientras cantas y estragas
como una catarata que ha pasado
por entrañas de aceros y mercurios,
en tanto que demuestras desangrándote
lo puro que es soltar las riendas a las venas,
y veo entre nosotros coincidencias de barro,
referencias de ríos que dan vértigo y miedo
porque son destructoras, casi rayos,
sus corrientes que todo lo arrebatan;
a la vuelta de ti, a la del vino,
millones de rebeldes al vino y a la sangre
que miran boquiamargos, cejiserios,
se van del sexo al cielo, santos tristes,
negándole a las venas y a las viñas
su desembocadura natural:
la entrepierna, la boca, la canción,
cuando la vida pasa con las tetas al aire.




En "El rayo que no cesa" 1936, existe otra referencia al vino espeso y fuerte, en el soneto 17, en segunto terceto.

vierte sobre mi lengua un gusta a espada
diluida en un vino espeso y fuerte
desde mi corazón donde me muero.


Otra referencia al vino:

A mi gran Josefina adorada


Tus cartas son un vino
que me trastorna y son
el único alimento para mi corazón.

Desde que estoy ausente
no sé sino soñar,
igual que el mar tu cuerpo,
amargo igual que el mar.


CONCLUSIÓN:
Esta artículo no pretende de ser un trabajo filológico sobre cuantas veces nombra la palabra vino en su obras, sino una demostración más de que Miguel era un hombre de su tiempo, y de vez en cuando como cualquier mortal se tomaba unos vasos. Y además le cantó a este fuego silencioso que arde en el estomago y por las venas se sube a la cabeza.