("El lápiz de Miguel" por Ramón Palmeral 2002)
Muy Honorable e Ilustrísimo Señor presidente de la Generalitat:
¡¡¡No mezclar cultura con política!!!!
Es un grave error de los políticos de turno arrastrar la figura del universal poeta Miguel Hernández (1910-1942) al vaivén de las coyunturas partidistas. Reducirlo a la etiqueta de “poeta comunista” por su vinculación ideológica durante la Guerra Civil supone simplificar injustamente la dimensión humana, literaria y cultural de quien es, ante todo, una de las voces más hondas y conmovedoras de la poesía española del siglo XX.
Hernández no empuñó armas ni dirigió frentes de batalla; su intervención en aquellos años fue esencialmente cultural y literaria. Su llamada “poesía de guerra” no es un parte militar, sino un testimonio emocional y ético de un tiempo convulso. En obras como Viento del pueblo o El hombre acecha late el dolor colectivo, la esperanza y el compromiso, pero también la defensa de la dignidad humana. Pretender silenciarlo hoy por su ideología es ignorar que la literatura trasciende las trincheras políticas y que la creación artística no puede juzgarse con el estrecho rasero de la confrontación partidista.
La magnitud de su legado se refleja en el reconocimiento institucional y social que ha recibido durante décadas. Su nombre identifica el Aeropuerto de Alicante-Elche Miguel Hernández, la Universidad Miguel Hernández de Elche, el Hospital Universitario de San Juan de Alicante y la Casa-Museo Miguel Hernández en Orihuela, que recibe una gran afluencia de visitantes interesados en conocer la vida y obra del poeta. Además, numerosos estudios, congresos y publicaciones —en España y en el extranjero— avalan la vigencia académica y literaria de su obra.
Intentar borrar o minimizar su figura con la ausencia de IVAJ en la Senda del Poeta 2026 por razones ideológicas no solo es inútil, sino empobrecedor. La cultura de un país no pertenece a un partido ni a una corriente política: pertenece a su ciudadanía y a su memoria colectiva. Miguel Hernández forma parte del patrimonio cultural común, más allá de siglas como PP o Vox, y más allá de cualquier gobierno municipal o autonómico circunstancial.
Respetar su figura no implica asumir su ideología, sino reconocer el valor universal de su poesía y el lugar que ocupa en nuestra historia literaria. Silenciarlo sería negar una parte esencial de nuestra tradición cultural. Y eso, afortunadamente, no lo van a conseguir. Como no va a suceder con otros poetas de ideologías republicanas como Antonio Machado, Federico García Lorca y muchos otros de épocas pasadas.
¡¡¡No mezclar cultura con política!!!!
Firma:
Ramón Fernández Palmeral
Estudioso hernandiano
Alicante, 21-02-2026
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