Sinopsis:

Página multimedia virtual sobre la vida, obra y acontecimientos del universal poeta Miguel Hernández -que murió por servir una idea- con motivo del I Centenario de su nacimiento (1910-2010). Administrada por Ramón Fernández Palmeral. ALICANTE (España). Esta página no es responsable de los comentarios de sus colaboradores. Contacto: ramon.palmeral@gmail.com

domingo, 4 de abril de 2010

La primera Elegía a Miguel Hernández la escribió Giner de los Ríos, en octubre del 42

(Francisco Giner de los Rios, por José Moreno Villa)

Creo que Nerja no tiene una calle dedicada a Miguel Hernández. Este Centenario es ocasión de ponerle una calle, gracias al interés de Giner de los Ríos por Miguel Hernández, fue el primero en escirbirle una Elegía a Miguel Hernández, publicado en Cuadernos Americanos, nov-dic.1942. Finisterre, Méxi, por Fernando Giner de los Ríos-Morales. Giner de los Ríos vivió muchos años en calle Carabeo de Nerja, con vista al mar que se asomaba por el huerto del Rubico.

Leamos esta Elegía:

“Miguel Hernández...

A estos cielos que escuchan hoy tu nombre
entre la angustia de mis labios lento,
a estos campos que tú hubieras alzado
hasta el milagro de tu voz abierta
para amarlos, cantarlos y entregarlos,
a esta tarde redonda de hermosura,
quiero, Miguel, venir con tu memoria.
Aquí te siento bien; tengo tu pulso
y guardo con la luz tus ojos tristes.
Olvido, con tu nombre y tu presencia
clavados dulcemente en el recuerdo,
tu tremendo dolor y tu agonía
para encontrarte fresco sobre el agua,
limpio sobre el silencio de los campos
y en la luz y el poema compañero.

Te llevo por el campo, dolorido
mi pecho de tu ausencia y tu llamada,
y no puedo pensarte terminado,
tus limpios ojos quietos para siempre.
Tierno y duro pastor del otro día
soñando por las huertas de Orihuela
una luz incesante y manadora
que te anegaba el corazón insigne;
alegrando el color del Manzanares
con tu blanca camisa, tus abarcas
y un ardor contenido de Levante;
cantando entre los tiros del Jarama
la canción española de la guerra.

No has muerto, que te han muerto entre unos muros
asesinando el vuelo de tus pájaros,
la voz de tu garganta amordazando.
Derribada hermosura sin remedio,
irremediable muerte a la palabra
tan lejos de mi sangre y de mi aliento.

Aguárdame, Miguel, en nuestra tierra,
en la quietud forzosa de tus labios,
en la clara verdad de tu silencio
que hace temblar tu cielo con promesas
de una canción bajando hasta los hombres.
¡Qué su turbia conciencia se deshaga
con tu sangre indeleble, con tu rayo!
Y de albas y de auroras nos incendie
la pasión de tu carne ya cumplida.

Como te alza hoy mi pecho a la ternura
y a la honda memoria que te guardo,
quiero la tierra nuestra, que sembraste
con la dulce semilla de tu nombre,
cumplir con la mañana su jornada
y subirte algún día hasta su gloria.
Miguel de hierba, fuego y alma sólo,
hermano muerto en esta viva muerte:
tú empujas con tu sangre y con tu ejemplo
el limpio amanecer de la esperanza.


"Teotihuacan y México, 18 de octubre, 1942".

Miguel murió el 28 de marzo de 1942