Sinopsis:

Página multimedia sobre la vida, obra y acontecimientos del universal poeta Miguel Hernández -que murió por servir una idea- con motivo del I Centenario de su nacimiento (1910-2010). Administrada por Ramón Fernández Palmeral. ALICANTE (España). Esta página no es responsable de los comentarios de sus colaboradores. Contacto: ramon.palmeral@gmail.com

viernes, 21 de agosto de 2009

Proceso y muerte de un poeta


(Escultura de Pepe Gutiérrez Carbonell en la Diputación de Alicante)
Por Ramón Fernández Palmeral

1. Proceso.

Los trabajos más completos sobre el proceso contra Miguel Hernández Gilabert, se pueden consultar en los libros de Juan Guerrero Zamora, pionero en los estudios hernandianos, y en el de Miguel Gutiérrez Carbonell, Teniente-Fiscal en la Audiencia de Alicante, los de Vicente Ramos y en el más reciente de José Luis Ferris. El libro de Juan Guerrero Zamora Proceso a Miguel Hernández, El Sumario 21.001, (Editorial Dossat, Madrid, 1990) es el más completo hasta la fecha, por los documentos aportados y las entrevistas que hizo a Josefina Manresa en Cox. El libro de Gutiérrez Carbonell aporta el Expediente Penitenciario, y además una información jurídica muy clarificadora sobre la justicia durante el franquismo: «Uno de los posibles ensayos sobre el derecho represivo franquista (1936-1945)», p. 6 a 10 (Compás, Alicante,1992), donde hace un ensayo al proceso contra Miguel Hernández que fue, como escribe Gutiérrez Carbonell: «vulneración al derecho a Recursos, garantías universales reconocidas, ahora y siempre». Es decir, a nuestro entender un juicio sumarísimo sin garantías y sin derechos a recurrir contra las sentencias sumariales, un juicio kafkiano, el abogado defensor había de ser militar como el Fiscal.

El Presidente del Tribunal fue el comandante Pablo Alfaro Alfaro. Lo inadmisible, escribe Gutiérrez Carbonell, los autos se ponen de manifiesto al defensor, que antes no ha intervenido, «por un término que nunca excederá de tres horas». Tres horas para preparar la defensa, inaudito, injusto. Al finalizar la guerra incivil, Miguel salió desde Cox para Sevilla y Cádiz el 22 de abril de 1939,con un salvoconducto que le facilitó Ismael Terrés (cuñado, marido de su hermana Encarnación) en Alcoy (CRIM). Estuvo en Cádiz buscando a Pedro Pérez Clotet (natural de Villaluenga del Rosario y director de la revista Isla, se conocieron en el 33 con motivo de la publicación de "Perito en lunas") pero Clotet estaba en Ronda, buscó al abogado Diego Romero Pérez en Valverde del Camino (Sevilla) según su libro M.H. en mi recuerdo (Camas ,1992), era el contacto pensado por Miguel para pasar a Portugal, y como no le encontró, ni a Romero Murube por recomendación de Llosent, decidió pasar solo a Portugal y le detuvo la policía portuguesa de Salazar en Santo Aleixo, y el día 4 de mayo de 1939 lo entregaron a la policía española (carabineros) en Rosal de la Frontera (Huelva). Se ha dicho, por algunos autores, que esta policía era la Benemérita, pero no es cierto, en aquellos años el Cuerpo de Investigación y Vigilancia de Fronteras dependía del Cuerpo de Carabineros del Reino [ ] que fue suprimido por la Ley de 15 de mayo de 1940 e integrado en la Guardia Civil. Y «estrechado a preguntas», según los informes, le interrogaron durante cinco días, ingresó en la prisión de Torrijos, Madrid, el 18 de mayo. Elvio Romero, escribe en el Prólogo de la Edición de Lautaro, MH Destino y Poesía, Buenos Aires de 1958: «Ocho días duraron las vejaciones y las interrogaciones infamantes en Rosal de la Frontera. Fuerte siempre, sin que haya sufrido suplantación su firmeza ni su pujanza, comienza a cobrar conciencia de lo que le esperaba; abarca con una sola mirada lo que la prisión tiene de sobrante tiniebla y de malos momentos».

Pasaron las primeras diligencias al Juzgado Militar permanente nº 5, Rodicio Arias, se inhibe, según Gutiérrez Carbonell (pg.14), al Juzgado Especial de Prensa, presidido por Manuel Martínez Gargallo, que toma bajo su cargo el Sumario de MH, por tratarse de un periodista. Ante la falta de libertad de expresión había un Juzgado Especial de Prensa para estos temas llamados de imprenta. Se le instruye: «procedimiento sumarísimo de urgencia nº 21.001, constará de unas 75 páginas.» Nos dice Carbonell que este tipo de procedimientos sumarísimos se amparaban en el Código Penal Militar, artículo 649 y Decreto 11-04-1931, que se volvió a regular en 1936, y se amplió a todos los delitos derivados del Movimiento Nacional. El procesado permanecía preso (art. 653-1º). Este procedimiento sumarísimo vulneraba el derecho de defensa, porque era secreto, el defensor era militar y no intervenía en el previo al Juicio Oral. El mismo Instructor es quien realiza el Auto resumen de calificación. El Tribunal no tenía independencia. Pide Miguel a Josefina que tome su defensa el abogado oriolano Juan Bellod Salmerón, que no se hizo cargo de su defensa, aunque sí le avaló con una carta «generosos sentimientos y honda formación religiosa» desde Valencia. Luego a través de Eduardo Llosent, le puso en contacto con el abogado sevillano Diego Romero Pérez empezó a preparar los autos de la defensa, y empezó a buscar los avales o documentos de buena conducta, según la declaración indagatoria de Miguel ante el Juez Especial de Prensa, entre los que nombró, figuran: Cossío, Bellod, Luis Almarcha, Ernesto Giménez y Rafael Sánchez Mazas. El 14 de julio la alcaldía de Orihuela envía un informe negativo de Miguel «tendencias izquierdistas». El 15 de septiembre del 39, de forma inexplicable, es puesto en libertad en la Prisión de Torrijos, quizá por la mediación de Cossío, y poco probable lo de la intermediación del cardenal francés Baudrillart con Franco.

En Madrid estuvo en casa del escultor Víctor González Gil y se entrevista con Eduardo Llosent (director de la revista Mediodía, al que había conocido en Misiones Pedagógicas, quería prepararle un refugio en la Dehesa del Hornill), acude también a la Embajada de Chile, Carlos Morla Lynch le ofreció asilo, pero Miguel no aceptó y regresa a Cox a ver a su mujer y a su segundo hijo Manuel Miguel que por entonces tenía nueve meses, y el día 29, día de San Miguel, es detenido otra vez en Orihuela por el «Patagorda» y encarcelado en el Seminario de esa ciudad, su padre no subió a verle, pasó a la prisión del Conde de Toreno el 3 de diciembre. El 18 de enero 40 el Consejo de Guerra le pide pena de muerte. El 15 de septiembre del 40 ingresó en la prisión de Palencia, pide a su mujer que vaya a visitarle, allí sufrió una neumonía, ingresa en la prisión de Yesería, el 29 de noviembre ingresa en la prisión de Ocaña, donde escribe a Josefina Sigo haciendo turismo... 6.- Creación poética en la cárcel. Este periodo de desgracias y desventuras de Miguel, es pesimista por la prisión, por muerte de su primer hijo, la condena a muerte, la enfermedad, las ansias de libertad y en especial la ausencia de los suyos. Cancionero y romancero de ausencias (1938-41), es el título a una serie de poemas de la experiencia que no fueron publicados hasta después de su muerte, cuyo especialista es José Carlos Rovira (Aproximación crítica, I.E.A., 1976). L.

En la cárcel escribió su obra maestra Cancionero y romancero de ausencias, ampliamente comentada por la edición de José Carlos Rovira Soler (El Bardo, Barcelona, 1978)[ ]. Leopoldo de Luis y Jorge Urrutia (Cátedra nº 197,1998). las primeras setenta y nueve composiciones se las entregó Miguel a Josefina en septiembre de 1939, cuando fue puesto en libertad de la prisión de Torrijos. Después ya preso, algunos poemas salieron de la cárcel en un sistema muy curioso, ocultos en la tapadera de una lechera u hortera, donde Josefina le lleva alimentos. Comenzó a escribirlos a modo de diario en octubre del 38, a partir de la muerte de su primer hijo Manuel Ramón (10 meses). Nos recuerda Manuel-Roberto Leonís en su conferencia «En torno al universal poeta Miguel Hernández», (Campello 2003), que el soneto «Ascensión de la escoba», lo escribe en la cárcel de Torrijos, sancionado por no cantar con atención suficiente «El Cara al Sol», lo cantaban tres veces al día, es castigado a barrer durante una semana toda la galería, por ello es héroe entre aquellos que afronta la basura (v.2). Aunque uno de los poemas más patéticos y conocidos sea «Nanas de la cebolla», cuando dice en la cuna del hambre/ mi niño estaba/. Con sangre de cebolla se amamantaba/. donde llega a torpedear los más acorazados corazones. Quizás el tríptico de poemas reconocida por Juan Cano Ballestas (Cátedra nº 2,1991). como «lo más conmovedor y logrado de la poesía amorosa de M.H.» sea «Hijo de la luz y de la sombra» (unas serie de borradores aparecidos en Seis poemas inéditos y nueve más, edición de Vicente Ramos y Manuel Molina, Alicante,1951). Javier Herrero considera a la «noche» o «sombra» como la expresión de una «voluntad cósmica» (nota 69 Cátedra 2,1991) Aunque a nuestro parecer, la «sombra» se refiere al lugar donde van los seres que se han ido, «nido cerrado» (v.1, serventesio 10) pero dejan sus presencias como ya pintó, años después, la pintora alcoyana Polín Laporta con sus descabezadas. Y la «luz» como la esperanza de una nueva vida posible «la gran hora del parto» (v.1, serventesio 7).

2- Muerte.

Fue condenado a pena de muerte como ya se ha dicho, el 18 de enero del 40, por lo que llama Gutiérrez Carbonell «rebelión invertida», «la calificación de estos casos como delito de rebelión militar es aberrante; además se aplicó retroactivamente». Entre los hechos probados se le llamó «poeta de la revolución». La Ley que se le aplicó a Miguel estaba recogida en el artículo 237 y 238-2, del C.J.Militar, de 1898, y un Decreto modificación del 2 mayo de 1931, de la propia II República. Es decir, le aplicaron una ley anterior a la guerra civil. Increíble pero cierto. Luego, la pena de muerte le fue conmutada a treinta años, y posteriormente, un año más tarde por la de veinte años y un día de reclusión mayor y accesorias correspondiente a esta pena, tal y como se recoge en el fragmento del documento que se adjunta (facilitado por el Archivo Militar de Guadalajara): La propuesta 12.443 de la Comisión Provincial de Examen de Penas de Madrid, de fecha 18 de marzo de 1943. El Expediente penitenciario que consta de sesenta (60) documentos se halla actualmente en la Fundación Cultural Miguel Hernández de Orihuela. El Penal de Ocaña tenía una superpoblación de presos, la mayoría enfermos, en mayo tiene fuertes dolores de cabeza a consecuencia de una bronquitis, sueña con su traslado a Alicante, cerca de su familia, el 29 de junio de 1941 ingresa en el Reformatorio de Adultos de Alicante (actual edificio de los Juzgados de Benalúa) hasta su muerte ocurrida el sábado Santo 28 de marzo de 1942, a la 5.30 de la mañana, en la enfermería del Reformatorio de Adultos a causa de un cuadro de tuberculosis aguda. Ramón Pérez Álvarez entregó al oficial Antonio Illán los objetos personales.

Nada se hizo por salvarle, el jefe médico doctor Pérez Miralles solicitó su traslado al Hospital Provincial de Alicante, los cuidados médicos eran nulos. Se solicitó su traslado al Sanatorio de antituberculosos de Porta Coeli, Valencia. El pintor alcoyano Abad Miró buscó al doctor Antonio Barbero y un aparato de rayos X portátil para que fuera reconocido en la enfermería. En ese mismo lugar se casó por la iglesia con Josefina el 4 de marzo de 1942. En calle Pardo Jimeno número 15 vivió Elvira, la hermana de Miguel, y también una temporada Josefina, antes de que se marchara a la calle de San Nicolás donde vivían sus tíos maternos. En la casa de Pardo Jimeno, la familia le hizo el velatorio, nos lo cuenta Josefina Manresa, en la página 145 de su libro Recuerdos de la viuda de Miguel Hernández, Ediciones de la Torre, Madrid, 1980: «En la casa de su hermana [Elvira] pasamos la noche sin acostarnos, ella, su marido, Ismael [Terrés] -marido de su hermana Encarnación y, que llegó de Orihuela después de entierro-. Al día siguiente, a las 10 de la mañana se le dio sepultura en presencia de Justino Marín, hermano de Ramón Sijé, que le extrañó que lo metieran en el nicho por la parte de los pies, cosa que él ignoraba: una prima mía, de Cox; mi tío, hermano de mi madre; Elvira, su marido [Luis Fabregat]; Vicente, hermano de Miguel; Ismael; Miguel Abad; Ricardo Fuentes; mis tíos, los de la calle san Nicolás y dos hombres que vinieron de Orihuela con Justino; y yo...» Nada dice Josefina de los padres de Miguel, ¿Tan mal avenido estaba don Miguel que no asistió al entierro de su propio hijo? Los versos póstumos atribuidos por el poeta paraguayo Elvio Romero a Miguel, supuestamente escritos en la pared de la enfermería: «Adiós, hermanos, camaradas, amigos, / despedirme del sol y de los trigos». No pertenecen a Miguel sino Antonio Aparicio Elvio se los atribuyó llevado, más que nada por un estado de emoción o como escribe Aitor L. Larrabide en la pág.122 de su tesis doctoral: «El patético y decimonónico final parece sacado más de un folletín que de una biografía, por muy novelada que esta sea».

Sus restos mortales descansan actualmente en el cementerio de Nuestra Señora del Remedio de Alicante. Primero estuvo en el nicho número 1009, cuyo epitafio decía simplemente: POETA. En 1952 cuando se cumplía el plazo para comprar el nicho, de lo contrario los restos mortales de poeta hubieran ido a la fosa común, una suscripción entre amigos reunió las 2.042 pesetas que costaba la propiedad, entre los que se encontraba el poeta Gabriel Celaya, María de Gracia Ifach y Vicente Ramos, lo que enfadó a Josefina. Sus restos reposa en una sepultura con lápida de mármol blanco, donde también están enterrados: su hijo Manuel Miguel fallecido en 1984 y Josefina Manresa en 1987. ¡Descansen en paz!