Sinopsis:

Página multimedia virtual sobre la vida, obra y acontecimientos del universal poeta Miguel Hernández -que murió por servir una idea- con motivo del I Centenario de su nacimiento (1910-2010). Administrada por Ramón Fernández Palmeral. ALICANTE (España). Esta página no es responsable de los comentarios de sus colaboradores. Contacto: ramon.palmeral@gmail.com

martes, 18 de agosto de 2009

Miguel Hernández en Vicente Estellés

(Por Gaspar Peral Baeza)

No se borra de mi memoria, a pesar del tiempo transcurrido, la honda emoción que me provocó la lectura de los versos escritos por Vicente Andrés Estellés, un poeta valenciano en lengua catalana de quien, en aquellos momentos, apenas tenía noticias. Solamente conocía de él, entonces, unos cuantos datos: que había nacido en Burjasot, el mismo año que yo, 1924, en una familia de panaderos, que era periodista en el diario “Las Provincias”, de Valencia, en el que ejercía de redactor-jefe... y poco más. La lectura de sus versos a que me refiero la llevé a cabo en los primeros meses de hace muchos años, treinta y cinco, nada menos. Empezaba 1973. El libro que contenía aquellos poemas que tanto me habían conmovido se titulaba Recomane tenebres, un volumen que llevaba en la portada el número 1 de una anunciada Obra Completa, con Introducción, para mí muy esclarecedora, de Joan Fuster, y que se acababa de imprimir en Valencia el mes de diciembre anterior.

Pocos meses después se hizo público que venía el poeta Estellés a Alicante. Concretamente, para el día 19 de mayo del aludido año 1973, con el propósito de ofrecer un recital de sus poemas. Sería presentado por el profesor de la Universidad de Alicante, y también poeta en lengua catalana, Lluís Alpera Leiva. Se programaba como final de una audición del cantautor alcoyano Ovidi Montllor, al que acompañaban tres músicos (piano, contrabajo y guitarra). El evento, en efecto, se celebró en la fecha prevista en el Colegio de los Maristas, entonces situado en la que hoy se denomina Avenida de la Estación. En el programa del acto se lee que Estellés es el “màxim poeta valencià, d’ençà dels nostres clàsics”. No puedo precisar la persona que me presentó aquella tarde-noche al poeta cuya obra me había causado tan profunda impresión. Hablamos. Cambiamos unas pocas palabras. Pero bastaron, con el recuerdo de Miguel Hernández en ellas, para que me escribiera la siguiente dedicatoria en el hoy manoseado ejemplar de su Recomane tenebres: “Per a”, aquí mi nombre y primer apellido, “en record d’un dia inoblidable per a mi, a Alacant. Vicent Andrés Estellés. Maig 1973”. Supe, entonces, que ese día en Alicante a él no se le olvidaría nunca. La causa: aquella tarde, tras la sobremesa, él y Ovidi habían estado en el cementerio de Alicante. Algún tiempo después escribió acerca de lo que sintió ante la tumba del universal poeta oriolano (la primera, por supuesto, el nicho nº 1009, no en la que actualmente reposa junto a su mujer, Josefina Manresa y su segundo hijo, Manuel Miguel). Me refiero a su artículo “Alacant, al record”, que publicó en la revista FOGUERES DE SANT JOAN, Alicante, junio de 1984, p. 105, en el que relata lo que no se le va del corazón: “hi érem al davant el nixol on jeu Miguel Hernández. Deixàrem passar una estona, davant el nixol. Desprès, en silenci, tots dos, s’en varen anar. No ens vàrem dir res, Ovidi Montllor i jo, de tornada. Semblava que tot estava dit, entre els dos. Però a mi ningú no em lleva aquest record, dolorós, punyent, d’aquella tarda, aquell començ de tarda, al cementeri d’Alacant”. Con alguna variante, ya había escrito sobre esta visita al cementerio alicantino unos pocos días después de llevada a cabo, en su artículo “Flores para la tumba de un poeta” en el diario LAS PROVINCIAS, de Valencia, el 30 de mayo de 1973, reproducido en la revista ASÍ, nº 443, de Alicante, agosto 1973.

A mí tampoco se me olvidará, mientras viva, la inmensa humanidad de aquel poeta al que acababa de agradecer su deferencia y con quien compartía sentimientos idénticos hacia Miguel Hernández. “Animal de records, lent i trist animal,/ ja no vius, sols recordes.” (en DEMÀ SERÀ UNA CANÇÓ, del Llibre de meravelles, V.A. Estellés).

Pasaron los años. Y leí otro poema de Vicent Andrés Estellés, que también logró conmoverme. Me estoy refiriendo a su “Elegia a Miguel Hernández al cementeri d’Alacant”. Un poema en vertical, erguido a lo ciprés, símbolo funerario que no se nombra. Remito a su lectura y al estudio que hizo del mismo el profesor Lluís Alpera en su aportación al I Congreso Internacional Miguel Hernández, 1992, titulada “Una interesante contribución de la literatura catalana: la Elegia a Miguel Hernández al cementeri d’Alacant, de V.A.Estellés”, publicada en el volumen II del libro Miguel Hernández, cincuenta años después, 1993, pp. 927-935, que recoge las Actas de dicho Congreso celebrado en Alicante, Elche y Orihuela. Tan emotiva elegía está fechada en Alicante el 3 de febrero de 1960, escrita como consecuencia de una visita anterior a la tumba de Miguel Hernández antes recordada más arriba. Formó parte del libro Quadern públic i notori (1960) no publicado hasta 1990 e incluido en el volumen 10 de la Obra Completa titulado Sonata d’ Isabel (1990). Se pudo leer también en Vicent Andrés Estellés. Antología poética comentada, Edición, introducción y notas de Lluís Alpera, Alicante, Aguaclara, 1992, pp. 91-94.

El periodista y poeta Vicent Andrés Estellés afrontó, asimismo, el tema hernandiano con artículos en la prensa. Conozco el aparecido en el diario alicantino “Información” el 5 de marzo de 1992, titulado “Miguel Hernández” (reproducido por dicho diario sólo en una pequeña parte el 29 de marzo de 1993, y donde se hace constar, erróneamente, que se publicó el 19 de enero de 1992). Afirma Estellés que el artículo está motivado por la lectura del libro de recuerdos que publicó Josefina Manresa, la viuda del poeta y muestra su intención de “Otro día con más sosiego me propongo a escribir más largamente y con más detención sobre la amargura en la vida de Miguel Hernández”. No sé si ese artículo prometido lo llegó a escribir y publicar. Lamento decir que no comparto, unas parcialmente y otras en su totalidad, varias de las manifestaciones incluidas en el artículo aludido. Cito únicamente dos, por no alargar excesivamente estas líneas: una, de la que discrepo en parte, que Hernández era “El hombre de una sola mujer” (¿qué significaron, pues, en la biografía del poeta oriolano mujeres como Carmen Samper “La Calabacica”, Maruja Mallo, María Cegarra y María Zambrano? o ¿era una simple figura literaria lo que le escribió a Federico García Lorca en carta de 30 de mayo de 1933 “...y he dejado en tres o cuatro vientres inútiles otros tantos hijos que tenía reunidos...”?); dos, con la que estoy totalmente en desacuerdo, “y otro día, aparece, también en Salamanca, el carnet del Partido Comunista extendido a nombre de Miguel Hernández Gilabert” (¿no se lo dio Ramón Pérez Álvarez, acompañado de Efrén Fenoll, en casa de los padres de Miguel, sacado de un paquete de documentos y papeles que había en la habitación de Miguel y su hermano Vicente, a Josefina en presencia también de Elvira, hermana del poeta, el año 1946?).

Vicente Andrés Estellés falleció en Valencia el 27 de marzo de 1993. En su carrera literaria había conseguido premios y galardones, entre los que destacan el Premi d’Honor de les Lletres Catalanes en 1978 y el Premi de les Lletres Valencianes en 1984.

Tomo una cita de la Introducción de Jaume Pérez Montaner en Vicent Andrés Estellés. Antología poética, (Valencia, 2004), en la que el poeta valenciano recordaba la inmediata postguerra: “Es feien decimetes i sonets; tractaven de tornar a una espècie de normalitat. Però, acabava de morir en el silenci Miguel Hernández i Neruda pràctcament no era més que un nom remot. Misèria”.

El estremecimiento que provocó en mí la obra poética de Vicente Andrés Estellés y su constante recuerdo admirativo hacia Miguel Hernández, hacen que su nombre y su obra perduren por siempre en mi memoria.

Cabe añadir, como anécdota curiosa, que en aquella misma fecha del 19 de mayo de 1973 en que Estellés y Ovidi estuvieron en Alicante, el nombre de Miguel Hernández aparecía en la prensa local debido a que en el Teatro Principal alicantino se anunciaba para aquella tarde y noche el gran debut, tres días improrrogables, del “estreno

mundial” [sic mío] de la obra del poeta oriolano El labrador de más aire por la compañía titular del Teatro Muñoz Seca de Madrid formada por Natalia Silva y Andrés Magdaleno, con la colaboración de María Paz Molinero. De la representación de la tarde fueron espectadores, desde la décima fila, números pares, la viuda de Miguel, Josefina Manresa, y el hermano del poeta, Vicente Hernández. Pero esto, aquella puesta en escena en el teatro alicantino de la obra hernandiana..., es otra historia.



Publicado en la revista PERITO (Literario-Artistico) nº 21, marzo 2008